Masoneria

Libertad – Igualdad – Fraternidad

Logia Unión Libertad nª275, su pasado, su presente en sus 105 años

Por: M.·. M.·. A. Suárez

Como nueva generación hoy asumo sin zozobras a imantar en el baño de la luz de aquellos tiempos a éstos, reposado en la constante del dogma elaborado en el huerto profícuo de quienes nos han precedido.
Dos hipérboles columnas cimentaron la historia viva de nuestra Logia: en un segmento “la lucha anticlerical” no lo debemos entender en el significado de irreligiosidad, sí en su fuente base, en la razón de ser, en su condición liberal, fijando su creencia en la libertad del hombre, que proclamaron también las generaciones que afianzaron la nacionalidad argentina. Esa libertad, ímpetu inclaudicable de nuestros hermanos, subrayó la más amplia concepción de aquel momento, libertad de conciencia; ésta, se centró en la elevación del hombre, y como medio la educación; ahí, debió enfrentarse hacia la incesante lucha contra la intromisión religiosa, en negativa constante por la educación laica; la que deseaba Sarmiento y quería Oroño, “…..para un pueblo sustentado en la inmigración a la cual debía asimilar la escuela….” Por ende la enseñanza debía ser común a todos, así como la tolerancia de los cultos, constituye un principio insoslayable.
En segundo lugar el segmento de “las reivindicaciones obreras”: no era tarea fácil sobreponerse a cobijar las minorías oprimidas que no sólo llevaban a un pesimismo moral, sino también a un pesimismo económico, buscando la antorcha de la esperanza que los iluminara y enseñara el camino inquebrantable y honroso que corresponde a las filas del trabajo; y que la acción de la masonería pudiera orientarlos a ocupar un lugar preponderante en esa lucha ciclópea.
En esas analogías que nos invaden, no estuvo ajena al pensamiento del hermano Dr. Florentino Loza quien con un grupo considerado de miem­bros de la Logia Primavera, del Valle de Rosario, advirtiendo que la dinámica social estaba en contra del pesimismo moral de los que niegan los beneficios de la civilización a las clases obreras, y que la humanidad no deja de avanzar y hasta en períodos de retroceso aparente forman parte del movimiento hacia adelante, estos hermanos aunando voluntades y para enfrentar el momento por el que atravesaba nuestro país materializan el Centro Independiente Liberal, el 27 de septiembre de 1903, a las 3 de la tarde, reunidos en el local de la Sala de Socorros de la calle Güemes 2350 de esta ciudad de Ro­sario.
En la tarea de cincelar el pensamiento nuestra Logia en la disyuntiva tuvo que armonizar dando paso a profundas desiciones:

La Masonería Argentina al ser conmovida por desaveniencias con marcados cismas que la agravaron los enfrentamientos personales de los hermanos allá por 1902 encontró su origen secesionista del Gran Oriente Argentino del Rito Azul empuñando el propósito de “…devolver a la masonería su brillo y prestigio primitivos…”, no reconocía más grados que los fundamentales de nuestra orden: Aprendiz – Compañero y Maestro desconociendo todos los grados superiores.

Los hermanos, como es lógico suponer, no pudieron disasociarse de las corrientes de fuerte creatividad que amalgamaban en el seno de la sociedad y en procura de lograr un afianzamiento inclinaron su vinculación a un Oriente reconocido; así el Taller dio su gran paso en la Tenida del 4 de julio de 1904 y la mayoría de los hermanos votaron a favor de la adhesión al Rito Azul, adjudicándosele el número 79 en dicha Orden.

En otros tiempos y en la constante hacedora de nuestra República Argentina ya independizados del Rito Azul e inmersos con los destinos de la sociedad toda, nuestro Taller el 28 de noviembre de 1911 se encolumna bajo los auspicios del Gran Oriente del Rito Escocés autorizándolo a trabajar en instancia de “regularización y Carta Constitutiva” y ya por decreto del 23 de junio de 1912 declaró a nuestra Logia Unión Libertad incorporada a la Obediencia del Supremo Consejo y Gran Oriente del Rito Escocés Antiguo y Aceptado para la República Argentina, adjudicándole el nº 275.

Queridos lectores divulgar y cincelar el pensamiento es noble, pero lo es más, si lo ayudamos en la práctica tarea de concretarlo, es aquello de la analogía entre la piedra y la conciencia natural del hombre. Y ahí nuestro Taller hizo gala de una larga y continua presencia durante su primera época y hasta nuestros tiempos, en el desarrollo de una multifacética tarea ayudando a los obreros por aquel entonces en huelga mediante el suministro de raciones de alimentos, asesoramiento legal, apoyo moral destinados a garantizar el éxito de sus reivindicaciones.

Nuestra Logia Unión Libertad a través de sus miembros par­ticipó activamente en el movimiento nuevo de ideas que llevaría en el año siguiente al de su fundación a la elección del primer dipu­tado socialista de Argentina y América, Alfredo Palacios, como a la sanción casi inmediata aunque a través de enormes esfuerzos de las primeras leyes que dieron nacimiento a las normas laborales positivas (legislación tuitiva de los trabajadores argentinos).

La celebración de conferencias des­tinadas a la divulgación de ideas generales y conceptos científicos, fue una constante desde su nacimiento, a fin de despertar entre los profanos nuevos adeptos que pasaran a engrosar sus eslabones de buen metal.

Los damnificados por la inundación del Río Paraná, en 1905 también fueron beneficiados por la obra filantrópica de nuestro Taller brindándoles cuotas de alimentos y ropas.

Su presencia se hizo notar en la fun­dación del Patronato de la Infancia de Rosario, otra obra masónica de envergadura para el mejoramiento moral y material de los niños.

La obra, del escultor italiano Alejandro Biggi, la cual plasma en el mármol inmortal, la recia y altiva figura del Gene­ral José Garibaldi, el que tiene la belleza del crepúsculo en las montañas, o se parece al sueño del héroe después del combate; se yergue desde el Domingo 10 de Junio de 1906 en el parque de la Independencia de esta ciudad; otrora tiene una historia singular, de traslados permanentes, debido a las áci­das protestas de los católicos que se oponían a la erección del monu­mento en un sitio público por su pertenencia a la Masonería, colaborando económicamente nuestra Logia para su traslado desde el Templo Masónico de la Sociedad Filantrópica Unión en Calle Laprida 1029.

Nuestro Taller tuvo su paso con importantes donativos a La Cruz Roja Argentina -fundada por un ilustre masón-.

La pluma masónica y el espíritu laico de nuestra Logia también estuvieron presentes, con la designación de una comisión que estudió los puntos funda­mentales de la Constitución de Santa Fe (1920) en vigencia y proyectó sus reformas (1921), incluyendo en el texto constitucional “principios liberales”.
En su brega laica en la educación fundó la Escuela Luis Viale, que pobló de alumnos, los que concurrieron a sus aulas para aprender, y que dotó de todos los elementos necesarios como de local suficiente, poniendo a su frente a un hermano, ilustre por muchos aspectos de su vida, que la proyectó y dirigió durante muchos años.

Es de destacar que el 28 de septiembre de 1928, con motivo de cumplir 25 años de vida, el Supre­mo Consejo le otorga el título de Benemérita a la Logia Unión Libertad 275, como reconocimiento y premio a su ejemplar actuación masónica; consideró el Supremo Consejo en esa oportunidad que ha sido norma tradicional de la Orden reconocer y premiar con su alto espíritu de justicia la labor de las Logias que, ya en su actuación de orden institucional como de exteriorización de fe y entusiasmo masónicos, han aportado mayores lauros y beneficios a la estabilidad y engrandecimiento de la Institución.

La Logia Unión Libertad tomó a su cargo la centralización de la ayuda de los masones de Rosario a los Hnos. españoles que lu­chaban por la República, remitiéndose periódicamente cajones con víveres y otros elementos con destino a Barcelona, como sumas de dinero.

La Logia organizó una colecta especial destinada a las vícti­mas del terremoto de San Juan, que a comienzos de 1944 asoló a esa ciudad.

A fines de 1945 el Taller propuso la creación de un ateneo que llevaría el nombre de Lisandro de la Torre, conjuntamente con otras Logias del Valle.

Deseo expresar mi más profundo respeto a todos los Queridos Hermanos que nos precedieron con sus acciones dirigidas por la sabiduría y la virtud, es como escucharlos en el grito de estas paredes en el que se asoman las glorias pasadas y es como ver a la muchedumbre, como hoy nos vemos todos aquí teniendo en el pensamiento y en el alma el puntal firme del arquitecto y aquí en su nave bajo el sol de su universo hemos de edificar y traer toda la enseñanza, aún aquella huérfana y hemos de darla a todos porque todos somos hijos de este universo. Hoy, aquel otro tiempo, que fuera de nuestros mayores, es el mismo tiempo que aquí tenemos; nos pone a prueba, a personas e instituciones y si pretendemos buscar el porvenir, busquémoslo, que lo hallaremos en la perseverancia, en la honradez y prudencia, para asegurar las conquistas del presente, llenando cada espacio, cada rincón, de este centenario Taller, con trabajos dignos y puros, como los largos años de su existencia.
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Esta entrada fue publicada el septiembre 27, 2008 por en Sin categoría.
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