Masoneria

Libertad – Igualdad – Fraternidad

LA VIGENCIA DE LA FRANCMASONERÍA

Un acercamiento a las preguntas de Alain Bauer

José Luis Cobos
R.·.L.·. Theorema, Nº 36
Gran Logia Simbólica Española

EL CONCEPTO DE VIGENCIA Y SU EXIGENCIA

Desde que Alain Bauer dejó sobre la mesa sus siete preguntas[i], la crítica que desde el ámbito profano se viene haciendo sobre la Francmasonería ha quedado formulada de manera autorizada, ahora en términos de autocrítica. Dada la contundente pertinencia de estas preguntas, se hace inmediatamente exigible, también desde dentro de nuestra Institución, la búsqueda de las respuestas adecuadas para poder situar con precisión, veracidad y realismo, el lugar y papel que ocupa la Francmasonería en el conjunto de las instituciones que sirven de urdimbre a nuestra sociedad. Esta búsqueda ya no es otro juego más de especulación gratuita; ahora es una cuestión de supervivencia.

Hoy, no intentamos abordar la respuesta al cuestionamiento del Q.H. Alain Bauer porque no vamos a entrar en la crítica o análisis de cómo practica la Masonería eso que ella llama el Arte Real. Lo que intenta averiguar nuestra reflexión es si este Arte Real sigue teniendo potencial para ser el fundamento e inspiración de una institución que pretende ofrecer propuestas útiles que ayuden a aquellos que la acepten a enfrentarse a los problemas principales que tiene planteados nuestra sociedad, o si, por el contrario, con nuestro modelo de sociabilidad, con los valores que subyacen en nuestro método y con nuestras fórmulas existenciales para encarar la vida, estamos preconizando recetas y difundiendo valores que chocan frontalmente con los requisitos estructurales de nuestra sociedad, o que están ya sobrepasados por el estado actual del conocimiento.

Para averiguar si este requisito de vigencia se cumple no nos queda más remedio que empezar exponiendo cuales son, desde nuestro punto de vista, estos principales problemas que aquejan a nuestra sociedad “postsecular” como la llama el filósofo Jürgen Habermas. Una vez detectados estos problemas, intentaremos demostrar por qué el enfoque masónico de los mismos es particularmente fructífero para su buena resolución.

CRÍTICA A LA POSTMODERNIDAD

Vayamos pues con este análisis de la situación:

Conviene hacer una primera observación: a pesar de que una de las características que ha acompañado a la masonería desde siempre es su vocación universalista, no podemos negar sin embargo que ella misma es un producto específico de lo que conocemos por cultura occidental. El análisis que vamos a abordar seguidamente se ciñe a este espacio cultural en el que el rasgo más distintivo, desde el punto de vista político, es la adopción general de sistemas democráticos.

En las sociedades tradicionales, la conducta de las personas se orientaba por valores insertos en un discurso narrativo, mito o cosmovisión que explicaba y fundamentaba cuales debían ser los vínculos interpersonales y las normas que debían regir la convivencia y que definía lo bueno y lo malo. El individuo encontraba también en estos relatos, respuestas a sus problemas existenciales: su razón de ser, su lugar y función en el grupo así como la recompensa o castigo que merecería en función de su comportamiento, ya fuera en términos de promesas de salvación o de inmortalidad, de paraísos o de infiernos. Es interesante resaltar dos características de este tipo de sociedad:

1) El peso de una fuerte tradición infiltrada hasta la médula, que convertía a la comunidad en una red de vigilancia mutua, al mismo tiempo que esa tradición vivida en los actos cotidianos le proporcionaba el sentido de la vida; y

2) La relativa sencillez con que ese miembro podía interpretar intuitivamente el marco general de la tradición dándole la sensación de comprender el mundo de la vida.

Desde aquellos tiempos hasta nuestra postmodernidad ha llovido mucho, diluviado diría yo. El ser humano ha descubierto e inventado infinidad de cosas. Entre las más importantes, la RAZÓN, la LIBERTAD, la IGUALDAD, y una fórmula para promoverlas y protegerlas: el REPUBLICANISMO CÍVICO (y su regla del juego: la DEMOCRACIA). La Razón terminó poniendo contra las cuerdas a la Fe y esta perdió su fiabilidad en sus explicaciones acerca del mundo. Arrastrada por este descrédito también perdió su credibilidad en las cuestiones metafísicas. Y padecimos el sarampión de la razón que, por limitarse a ser razón instrumental, empírica, científica, no supo atender otras esferas de la vida que para el ser humano son más relevantes. Menos mal que Kant echó una mano al aclarar que la Razón podía ser competente en cuestiones morales y estéticas. Los griegos tenían menos complejos y por eso Atenea, diosa de la Sabiduría, también protegía a los artistas y practicó e inventó varias artes.

El Hombre de la postmodernidad, por el contrario, no dispone de un discurso explícito que ponga en conexión las normas con su fundamentación. La súper-especialización en todos los ámbitos de la vida es tan monstruosa que el Hombre común ha renunciado a comprender los entresijos de esta complejidad en la que vivimos y que solo equipos de especialistas pueden aspirar a entender. Para tomar sus decisiones acerca de su proyecto vital, este hombre de hoy se rige por unos criterios muy entendibles para él: el éxito, el disfrute, la imagen y el dinero. Sabe que para ello necesita 1) trabajar y 2) respetar las leyes, pero sus metas son ahora alcanzables. Las explicaciones que tienen su origen en las distintas cosmovisiones religiosas han quedado difuminadas en el trasfondo de la consciencia colectiva, manteniendo, en aquellos que quedan frustrados en este mundo, una pequeña ventana abierta a la ilusión o la esperanza de un mundo mágico en el que puedan alcanzar una suerte de inmortalidad.

Pero volvamos unos instantes al concepto de DEMOCRACIA y más específicamente, democracias constitucionales. En estas, la sociedad se configura por la interacción de tres vectores que podemos llamar: 1) PODER ECONÓMICO, 2) PODER POLÍTICO y 3) PARTICIPACIÓN CIUDADANA. La participación ciudadana intenta ser el contrapunto de los otros dos vectores limitando los desequilibrios que por la naturaleza de estos poderes y sus intereses pueden causar. No olvidemos que las democracias surgen de la presión de los ciudadanos; no son un gesto de generosidad por parte de los poderes económico y político. Esta participación ciudadana constituye el tejido social que se va consolidando por medio del entendimiento. La simple expresión del voto cada cuatro años no hace democracia. Es necesaria la implicación de la ciudadanía en las múltiples instancias sociales y políticas para que afloren y se conozcan sus pretensiones, sus descontentos y sus soluciones; y por eso es tan importante que los jóvenes se fortalezcan desde el colegio en la práctica de actitudes y aptitudes democráticas. Son estos escenarios de participación ciudadana los que necesitan constitutivamente regirse por reglas de racionalidad comunicativa; aquí, la RAZÓN es la moneda de cambio; cuando la racionalidad argumentativa se sustituye por cualquier tipo de coacción, ya sea soborno, amenaza o demagogia, la democracia se debilita. Pero hay otro termómetro para medir la salud de las democracias y es la JUSTICIA. La democracia es un espacio regido por normas ante las cuales todo ciudadano debe sentirse igualmente tratado. Asegurarse de ello es tarea de la JUSTICIA. Y no hay justicia si no hay INCLUSIÓN del otro, del marginado, de las minorías, del que no puede participar porque no sabe. La democracia requiere que estemos TODOS. Esta inclusión no es algo pasivo, como un dejar entrar; es algo ACTIVO, es un esfuerzo consciente y responsable de poner al otro a la altura y en las condiciones de poder participar. Este esfuerzo de inclusión se llama SOLIDARIDAD y cuando la solidaridad se sustituye por el egoísmo la democracia se debilita.

¡PARTICIPACIÓN, RAZÓN, JUSTICIA y SOLIDARIDAD, son compañeras inseparables en democracia!

Podríamos concluir que la devaluación de las promesas salvíficas de las religiones, pagaderas post-mortem, unida a una utilización del concepto de razón reducido a su sentido instrumental, han dejado al individuo postmoderno en manos de los vendedores de paraísos de consumo inmediato. Y esto no tiene por qué ser malo; todo lo contrario; ¡ya era hora de que algo de bienestar bajara del cielo para instalarse en la tierra! El problema es que con las promesas de inmortalidad también se fue el cultivo de actitudes de solidaridad, y ya hemos visto que la SOLIDARIDAD es un componente constitutivo de las democracias. Por otra parte, también hemos visto cómo el ciudadano medio, en crisis de sentido, no encuentra suficientes razones para sustentar la democracia porque los valores sobre los que esta se erige le resultan muy lejanos y requieren un nivel de reflexión al que renuncia de antemano. La RAZÓN, pues, por mucho que las ciencias estén en auge en las universidades, corre el riesgo de debilitarse en la tarea de mantener a punto los engranajes de una democracia participativa.

JUSTIFICACIÓN DE LA VIGENCIA DE LA FRANCMASONERÍA

Abordamos ahora la tarea de explicar por qué, desde nuestro punto de vista, la Masonería, considerada en su cuerpo teórico, sus ritos, sus símbolos, sus principios y sus fines, es un sistema cargado de propuestas, enfoques, escenarios y prácticas, que la hacen plenamente vigente, útil y recomendable. En absoluto pretendemos, entrar en una crítica de cómo, de facto, se manifiesta la Masonería al encarnarse en los distintos grupos humanos que se encargan de llevarla a la práctica.

Básicamente, la FRANCMASONERÍA aborda simultáneamente la construcción del individuo y la construcción de la sociedad, aunque su especificidad estriba en la co-implicación de esta doble construcción.
1) Construcción del Individuo

La FRANCMASONERÍA propone una construcción individual alrededor del símbolo del tallado de la piedra. Para la terminología masónica, la Piedra equivale al Ser. Con la aplicación del VITRIOL, el aprendiz descubre su piedra, pero la tarea difícil es la gestión de los cambios que debe aplicar a la misma. Los tres grados simbólicos son un precioso tratado de ontología en el cual el masón encontrará precisas instrucciones para lograr los cambios deseados.

El VITRIOL es una operación puramente introspectiva (aún cuando pueda ser provocada por la presencia del OTRO), la prueba es que se nos hace entrega de este símbolo cuando estamos en la Cámara de Reflexión sumidos en nuestra soledad. Pero el tallado de la piedra es una operación de labor, es decir, se hace en el tajo; es el trabajo el que te talla, lo que tú haces te hace. Se derivan dos consecuencias de esta visión masónica:

1) El ser (la piedra) no tiene por qué tener su valor en un origen puro y sublime; la inevitable diferencia que lleva consigo desde su nacimiento no es valiosa en sí (por eso se la llama Piedra Bruta); no tenemos por qué estar ante una esencia inmortal; el valor del ser le viene dado por lo que NO ES AÚN, por su aptitud para deformarse a través de los hábitos y aprendizajes y por lo tanto lo que importa es cómo gestionamos esa maleabilidad, cómo construimos nuestra personalidad para que sea original; y

2) La única inmortalidad sobre la que tenemos control es la posibilidad que nos otorga el trabajo de construcción al plasmar nuestra originalidad en la obra. Esta es otra manera de entender lo que quiere decir el secreto masónico: en términos de secreción de la piedra, de parto de la piedra como hija de nuestra más excelsa propiedad humana: la CREATIVIDAD.

Esta concepción del ser no tiene nada de metafísica pero sí es tremendamente apasionante e ilusionante por lo que contribuye a dar buenas razones para vivir y pone la creatividad en el centro del proyecto de felicidad, desplazando de ese centro al consumo.

2) Construcción de la Sociedad

Para la construcción de la sociedad, la FRANCMASONERÍA, con la logia, proporciona un espacio de trabajo y unas estrictas reglas de procedimiento que garantizan la posibilidad de entablar fructíferos debates entre los participantes. Aquí también, una fuerte presencia de símbolos asegura el cumplimiento de estos aspectos normativos del trabajo masónico. Estos símbolos se distribuyen alrededor de dos ideas centrales:

Primera idea: El concepto de reconocimiento

Las condiciones previas que se dan en todo proyecto de construcción social son siempre las mismas: 1) el reconocimiento de otros iguales, 2) el reconocimiento de que existe una problemática común y 3) la idea de que, en cooperación, podemos afrontar dicha problemática con mejores oportunidades de éxito.

En la idea de reconocimiento subyacen dos intenciones imprescindibles a la hora de acometer un proyecto común de cualquier índole: 1) La presencia del “otro”, en el trabajo, no es un capricho o un gesto de generosidad, es un requisito “sine qua non” y 2) Todos los presentes se reconocen mutuamente compartiendo un mismo catálogo de principios y valores mínimos, de manera que todos puedan esperar del otro la capacidad y la voluntad de aceptar las reglas del juego, el marco general.

Es fácil reconocer en nuestros ritos y usos y costumbres la profusa presencia de estos símbolos de reconocimiento: desde el retejo, las credenciales, los acuerdos inter-obedienciales con sus protocolarias firmas de acuerdos,… hasta la pregunta ritual del VM al empezar los trabajos “¿Sois Masón, Hermano Primer Vigilante?” a la que éste responde “¡Por tal me reconocen mis Hermanos!”, o la exigencia previa de ser persona libre y de buenas costumbres.

Segunda idea: Las condiciones para llegar a acuerdos

¡Pero, no basta con que todos los presentes compartamos la misma condición de, seres humanos, o demócratas o masones! Además, es necesario que, ante el caso concreto que nos toca debatir hoy, aquí y ahora, de abordar tal o cual cuestión, verifiquemos que se reúnen las condiciones que garanticen óptimamente la posibilidad de llegar a acuerdos a través de un intercambio de argumentos sostenidos por la razón. También aquí se trata de condiciones procedimentales en las que nuestro protocolo no transige. Hagamos un rápido repaso de estas:

1) Asegurarse de que establecemos las condiciones logísticas de tiempo y espacio para dedicarnos con la atención debida y sin perturbaciones a los asuntos que deben tratarse. = Venerable Maestro, el primer deber de un Vigilante en logia es asegurarse de que el templo está debidamente cubierto.

2) Asegurarse de que todos los presentes tienen las capacidades suficientes y necesarias para comprender los asuntos que se van a tratar y para defender sus puntos de vista. = Venerable Maestro, el segundo deber de un Vigilante en logia es asegurarse de que todos los asistentes son aprendices francmasones, están en su lugar y sitio que les corresponde:

a. Capacidad de escucha = (y por eso los aprendices empiezan ejercitándose en el callar).

b. Capacidad para decidir libremente la validez del otro, sin coacción = (y por eso se nos exige ser libres).

c. Capacidad justificativa de un SÍ o un NO = (Una de las finalidades de las aplomaciones es comprobar que el postulante tiene suficientes facultades intelectivas).

3) Asegurarse de que todos cuando intervienen lo hacen con sinceridad. = (por eso se requiere que el masón sea persona de buenas costumbres; y por eso también durante su intervención el masón debe permanecer “al orden”, alejando de sí toda intención engañosa o malintencionada).

4) Asegurarse de que todos los participantes tengan las mismas oportunidades para expresarse con equidistancia y equivalencia. = (y por eso disponemos de un complicado y milimetrado protocolo que establece como pedir la palabra, cuantas veces podemos pedirla, como tenemos que dirigirnos a los presentes, a quién tenemos que mirar, como tenemos que permanecer y quiénes son los árbitros del debate.)

5) Asegurarse de que nuestras pretensiones argumentativas serían equivalentes si las mantuviera otro desde su perspectiva porque estas tienen que ser reversibles. = (¿y no es eso lo que pretende el principio moral que se nos da cuando nos iniciamos: “no hagas a otro lo que no quisieras que te hagan a ti; has a otro todo el bien que quisieras que te hagan a ti?”)

6) Asegurarse de que están presentes todos los afectados por los asuntos que se vayan a tratar. = (y por eso deben aportarse las excusas de los hermanos ausentes.)

Estos requisitos que acabamos de ver son los que estipulan nuestros ritos y usos para procurar que la logia sea verdaderamente un templo del logos, un lugar donde la razón sea la única arma para dar validez a los argumentos. Como todos sabemos, estos protocolos se practican cotidianamente en las logias masónicas porque son parte estructurante del método. Ahora bien, si comparamos estos requisitos con los que Jürgen Habermas propone en su obra “Teoría de la Acción Comunicativa” para crear las condiciones idóneas para que la comunicación entre los individuos tenga posibilidades de llegar a acuerdos, nos daremos cuenta que son prácticamente los mismos. En su obra, Habermas, para elaborar su crítica de la sociedad actual, la llamada sociedad de la comunicación, se fija prioritariamente en la calidad de comunicante del sujeto social con lo que su crítica de la sociedad se torna principalmente en una crítica de la comunicación intentando con este enfoque recuperar el proyecto ilustrado.

Miren por donde, la Masonería ya se había dado cuenta de que no bastaba colocar la efigie de la virtuosa Atenea a la derecha del Venerable Maestro, sino que había además que acompañarla en su deambular de una cabeza a la otra.

3) La necesidad de ambas construcciones constituye la especificidad de la FRANCMASONERÍA

El camino que escoge la Masonería es siempre el más difícil de recorrer. Su postura es siempre la más incómoda ¡Entre la Escuadra y el Compás! La FRANCMASONERÍA reclama una idea del ser humano completa y esto implica contemplar su doble naturaleza: como individuo y como ente social; y para eso, propone un método de progreso que pone en recíproca relación al individuo con los otros:

Primero, un progreso provocado por la obra en sí, que obliga a adquirir capacidades y destrezas para producirla; y provocado por la necesidad de que la obra encaje en el mundo, lo que obliga a conocer mejor este.

Segundo, un progreso en términos de autoconocimiento, provocado por la presencia del OTRO que me pone frente a mis limitaciones y errores.

RECAPITULACIÓN
Recapitulemos ahora las razones que hacen que el método masónico pueda proporcionar a aquellos que lo practican, un conjunto de herramientas conceptuales, de prácticas, de escenarios, de principios y de valores, particularmente interesantes y útiles que le van a facilitar la comprensión del mundo que les rodea, la índole de los problemas que lo aquejan y le pueden orientar sabiamente en su tránsito por la vida.

1) Quizás tengamos que empezar, y vamos a hacerlo, haciendo alusión al tríptico de valores y principios sagrados en la Masonería y que es recordado y aclamado cada vez que se abren y cierran los trabajos: LIBERTAD, IGUALDAD Y FRATERNIDAD. Y detengámonos un instante en este último, LA FRATERNIDAD porque antes hacíamos alusión a él cuando hablábamos de SOLIDARIDAD. Filósofos modernos como John Searle sostienen una racionalidad humana capaz de actuar y de crear, independientemente de los deseos y las pasiones que tienden a dominarla. Con ello Searle defiende un modelo de libre albedrío que encuentra su fuente en la razón al servicio del sentido común. Esta es la verdadera especificidad humana: su capacidad para encontrar en la propia razón motivaciones para actuar. Se trata de una racionalidad que puede conducir a la práctica convencida de un altruismo sólidamente fundamentado.

En Masonería, sin que se encuentre una explícita defensa de este punto de vista, es sin embargo la orientación que se asume y que va implícita en nuestros ritos y costumbres. El signo de “al orden” de Aprendiz es toda una señal en este sentido.

A la hora de entender el alcance del concepto de Fraternidad, debemos encontrar su fundamento en este enfoque sin que este tenga por qué ser incompatible con la práctica de sentimientos de franca amistad o de solidaridad. No en vano llamamos a nuestra ciencia, la Gaya Ciencia. En el fondo se trata de cultivar un sentimiento positivo que nos mueva a la solidaridad mientras nos llega la capacidad de actuar por la fuerza de la razón. Un viejo principio de psicología dice: “lo efectivo es lo afectivo”.

Pero en el seno de la logia debemos tener mucho cuidado y prudencia con la exageración de ciertas efusividades sentimentales entre hermanos que pueden conducir a una errónea comprensión de la fraternidad.

En cualquier caso, entre nosotros, ya sea como sentimiento o como motivación racional, la solidaridad está demasiado presente en nuestras vidas por lo que el masón nunca hará peligrar la democracia por una carencia en este aspecto.

2) La Masonería recupera el justo sentido del Ser que ni tiene por qué ser una esencia inconmovible e inefable, ni tiene por qué ser solamente una entelequia molesta. Su peculiar valor se pone de relieve en la obra que podemos realizar, pero su utilidad cotidiana se verifica en el sentimiento de seguridad en nosotros mismos que nos proporciona. Por eso la Masonería se preocupa por la formación del individuo en su dimensión existencial haciéndole reflexionar sobre los eternos problemas que el ser humano lleva en su mochila desde que le dio por pensar.

3) La Masonería recupera el justo sentido del ente social: El individuo solo es posible en sociedad pero la sociedad debe ser para que el individuo pueda desplegar todo su potencial. No caben ni colectivismos ni liberalismos. En su preocupación por los principios de la buena coexistencia, la Masonería procura la formación en valores universales de convivencia adquiridos en comunidad.

4) La Masonería se constituye en un espacio permanentemente abierto a la reflexión ética. Este espacio es regido por la razón y ofrece todas las garantías para que la argumentación de las ideas pueda darse con la pretensión de llegar a acuerdos; una argumentación que busca la validez y no la verdad. Este espacio se caracteriza por la diversidad convocada y la tolerancia que la hace posible.

5) La Masonería no exige un bagaje metafísico importante y esto da cabida a todas las cosmovisiones. Por lo tanto nadie queda excluido por motivos de creencias. Por el contrario, su bagaje sí es muy afín a la filosofía existencialista así como a la filosofía moderna, porque ambas aportan herramientas conceptuales útiles para las labores masónicas.

6) La Masonería mantiene un compromiso muy fuerte con la JUSTICIA y la RAZÓN, que son irrebasables.

7) La Masonería reúne alrededor de una tradición y unos símbolos a personas para forjarlas en unos principios de solidaridad, de racionalidad, de participación, de libertad y de justicia que son los que nutren un sistema democrático. El hecho de que estos principios y valores se lleven a la práctica cotidianamente en la vida de la logia y además estén engarzados en el Rito como si fueran brillantes que dan valor a una corona, hace que queden grabados en la conciencia del masón con una eficacia que la repetición se encarga de remachar. Cuando convertimos una forma de actuar en hábito, el acto cobra sentido y se verifica su utilidad por la experiencia. Este es el valor de la TRADICIÓN que permite asegurar unas conductas antes incluso de que la razón venga a refrendarlas.

Cuando antes denunciábamos el deterioro de la racionalidad en la práctica de la democracia debido a la dificultad que encuentra el ciudadano de término medio para normalizar el uso de la razón en todos los ámbitos de su vida social, en realidad, lo que se ponía de manifiesto es que este ciudadano no ha adquirido los hábitos de la tradición democrática. Estos hábitos tienen que recibirse desde la infancia, en el proceso de socialización. Esta necesidad es particularmente más acuciante en las democracias jóvenes y en las poblaciones inmigrantes procedentes de países no democráticos. En Masonería, este proceso tiene lugar durante el aprendizaje, cuando el masón solo tiene tres años.

CONCLUSIÓN

De todos los aspectos que hacen de la Masonería un proyecto con plena vigencia en la sociedad actual y próxima, hemos querido destacar solo aquellos que rinden su utilidad porque dotan al individuo de músculo para resistir los efectos perniciosos que conlleva el estilo de vida instalado. El ser humano tiene que recuperar su peso específico para ser agente en lugar de vehículo, y tiene que recuperar también su capacidad crítica y defenderla con la validez de sus argumentos. Es necesario que sepa construir su proyecto vital y adecuarlo útilmente en la comunidad.

Pero aunque hubiéramos podido demostrar la vigencia del Arte Real, no queda probado que las organizaciones masónicas, sean capaces de vehicular esta vigencia. Es posible incluso que, aun comprendiendo cuales son los escoyos que hubiera que superar, se encontrara la institución masónica con que no pudiera acometer los cambios necesarios por problemas estructurales.

Queridas Hermanas y Queridos Hermanos, gracias por vuestra atención.

He dicho

Al Or.·. de Paris, a 29 de Marzo de 2008


[i] Preguntas de Alain Bauer

1.-¿Para qué sirve HOY la masonería?

2.- ¿Cual es hoy el vector cultural susceptible de remplazar la dinámica de la Ilustración que era la propia de la masonería hace tres siglos, o la dinámica republicana y laica que era la propia de hace cien años?

3.- ¿Quien puede todavía comprender la pertinencia del «decorum» estético y ritual de la masonería, elaborado en un tiempo en el que las referencias simbólicas y morales a los misterios antiguos o a las leyendas de la Biblia tenían un sentido para todos, hoy en nuestro mundo actual completamente «desencantado»?

4.- Cómo puede la masonería todavía encontrar su lugar en las trincheras abandonadas del debate intelectual: demasiado racionalista para la moda del «tout psy» del New Age, demasiado grupal cuando lo que triunfa es el desarrollo personal y el individualismo, o incluso demasiado cívica en una época del fin de la política?

5.- ¿Cómo admitir que a pesar de sus principios y fines declarados, la masonería se ha convertido en muchos casos en una asociación de buscadores de «información privilegiada» en el sentido bursátil del término, como lo han demostrado algunos escándalos en Francia, y que por otro lado no es para una gran parte de la opinión pública sino una simple red de ayuda mutua?

6.- ¿Por qué es la masonería incapaz de unirse en lo esencial – manteniendo una guerra larvada entre las Obediencias, absurda y contraproducente, reformar su sociología cada vez más hortera – fundamentalmente arreglando de una manera digna la cuestión del lugar de la mujer en su seno – de renovar su discurso en aquellos temas que sigue abordando como en el siglo XIX, como por ejemplo la laicidad?

7.- ¿Pero sobre todo por qué la masonería no ha aportado una respuesta original y convincente al retorno de lo religioso – frente al cual simplemente ha fracasado – y más fundamentalmente todavía por qué no produce ella nada de valor intelectual con su propio sello desde hace tiempo?

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