Masoneria

Libertad – Igualdad – Fraternidad

LA ESPIRITUALIDAD MASONICA

R:.H:. RAMIREZ AGUILAR CUAUHTÉMOC
GRAN LOGIA UNIDA DE VERACRUZ, MÉXICO
La masonería es, en fondo y forma, una iniciación espiritual por medio de símbolos; resulta complicado y resbaladizo transmitir el mundo iniciático porque éste es un mundo interior que ocurre en el fondo del alma de cada masón. Carl Jung, el gran pensador del psicoanálisis, sostiene que el símbolo se expresa en mil lenguas a la vez y penetra en el subconsciente colectivo despertando allí arquetipos que provocan energías psíquicas de poder impredecible que son capaces de influir en la conducta de los individuos.
El masón es un ser que vive -desde su iniciación sujeto a los símbolos que la Orden le presenta ante sus ojos y percepción. La interpretación surge de dos caminos, la objetiva y la subjetiva. La significación subjetiva es la que nosotros asociamos mas y mejor al carácter y al espíritu de la Iniciación y es la que más profundas huellas nos deja en el alma. El sentido profundamente espiritual de la Masonería es una consecuencia de la esencia de nuestros símbolos, y es justamente la proclama de nuestros re-fundadores de 1717 y 1723, cuando proclamaban -en las Constituciones de Anderson- que la naciente Institución debía ser «el Centro de la Unión» donde pudieran convivir los hombres de todos los credos religiosos, filosóficos e incluso políticos, amén de que las diferencias de rango y clase tampoco importaban para admitir a un hombre en el seno de las Logias. No bastaban más requisitos que el hecho de ser hombre libre, de buenas costumbres, con oficio o profesión civil honorable que le permitiese una posición holgada para cubrir los compromisos con la Orden. Por supuesto, el requisito más importante: “Creer en Dios”.
La vocación espiritual del masón moderno le viene por inspiración del precepto fundamental de la Orden: La existencia de Dios como Gran Arquitecto del Universo.
La intención en cada tenida, al abrir los trabajos, de dedicar éstos a Su Nombre y Gloria, le reportan al masón momentos de sublimación relíngate ajena a dogmas e imposiciones de terceros, pues él -por virtud de la Iniciación- reconoce y va reconociendo en su fuero interno la más viva representación de la Divinidad asumida por la categoría de la convicción y la fe. Esta espiritualidad también reconoce el cotidiano compromiso que el masón tiene de construirse a si mismo, arrancándole a “la nada” la parte que día con día pasa a formar parte esencial de su existencia y que nutre su vida cotidiana.
El masón -como el hombre- no ES, sino que va existiendo sucesivamente cada uno de sus días.
La espiritualidad masónica es, en este sentido, una posibilidad de liberación y también de colocar el hombre en las nuevas condiciones del mundo de un modo abierto, plenamente consciente de la pluralidad y diversidad humana, cabalmente dispuesto a convivir con ella en un contexto de tolerancia y comprensión, pero al mismo tiempo de responsabilidad. La Masonería le ofrece al mundo un ambiente de convivencia ecuménica en el sentido griego del término -lo que es universal y extensible a todo el mundo- y solo ella es capaz de contribuir a la construcción de un espíritu de entendimiento universal más allá de tos diferendos de religión y política. Por ello la Orden es una posibilidad espiritual y de ninguna manera una construcción ideológica. Las ideologías excluyen y separan a los hombres, tanto como las religiones; en cambio, la Masonería, a partir de sus símbolos y de su carácter iniciático, lo que hace es justamente explorar todas las posibilidades que el concepto de Unidad puede proporcionar para reconocer la base esencial y central de la constitución humana: el hombre es consecuencia de la Unidad, la Unidad del Ser y una emanación del Principio Universal que forma con Él la Unidad Esencial.
Solo a partir de reconocer y aceptar la realidad aquí expuesta -la masónica y su simbolismo- será posible postular a la Masonería como una ventana para ingresar al mundo de la regeneración frente a la barbarie de la intolerancia y la
exclusión de sectas religiosas, partidos políticos, homofobias de todos los géneros, desprecio a los derechos humanos y a los grupos vulnerables de la sociedad, ya étnicos o ya por minusvalidez. La Masonería es así una oportunidad de unir, y como bien decía Anderson en 1723: “La Masonería es el Centro de la Unión”.
Esta posibilidad constituye, sin duda alguna, un eje fundamental de espiritualidad en las sociedades modernas y de consumo, abiertas y globales. La espiritualidad así concebida no es una espiritualidad de alejamiento del mundo, sino de acercamiento al mundo; no es una exaltación mística, sino una vivencia plena de los problemas sociales y humanos. Es, en suma, una forma de acceder al mundo profano armados con valores, símbolos y significados y no un distanciamiento cómodo al retiro de la meditación y la contemplación. La espiritualidad masónica es un compromiso con el mundo y es una responsabilidad definida como la inclusión de todos y la exclusión de nadie; y esta Idea es una idea iniciática que nos viene como consecuencia de comprender la «Unidad del Ser» y de forjar la existencia del hombre como una manifestación de Dios, Gran Arquitecto del Universo. Solo cuando nos asumimos criaturas del Todo nos asumimos también como hermanos «en el Todo» profundamente, espiritualmente coligados con la naturaleza y con el entorno. Por ello, la Masonería es también un espacio de comprensión del ambiente natural y un llamado a su conservación para lograr el ideal de la Fraternidad sâlmica: Vivir juntos y en Armonía, los hombres, los seres del mundo natural y los entes del Universo. El hombre -lo proclama la sabiduría iniciática- es un funtor en relación con el mundo, es la parte en relación con el Todo. Por ello la Masonería bien puede proclamar que la vivencia y la convivencia, en Unidad y Armonía, es también la vivencia de la Concordia, la idea suprema de nuestros re-fundadores de 1717-1723: “El Centro de la Unión”.
Justamente por esta razón, la Masonería no es -ni tampoco puede ser- una ideología, porque serlo implicaría excluir a otros, a los que no piensan como yo.
Subir la Orden masónica al carro de las ideologías o al de las iglesias, o al de los partidos políticos, es también despojarla de su carácter iniciático unitario y de su anhelo de Unidad y Armonía universales.
Los masones pueden ser lo que quieran, como seres pensantes y como ciudadanos, pero en el crisol de nuestros Templos – también escuelas y talleres debemos asumir el Sagrado compromiso con la espiritualidad de vivir Juntos y en Armonía, como componentes de la Unidad Universal.
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Esta entrada fue publicada el junio 16, 2008 por en LA ESPIRITUALIDAD R:.H:. RAMIREZ AGUILAR CUAUHTÉMOC GR, mexico.
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