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EL ANDROGINO: LOS DOS SEXOS EN UN SOLO SER – Ernest Milà Mayo 30, 2008

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Por Prester Jano
Tradiciones de oriente y occidente, del norte y del sur, coinciden, con una extraña unanimidad, en afirmar que el primer ser que vió la luz, carecía de diferenciación sexual: era, masculino y femenino a la vez. Los griegos lo llamaron Andrógino, de Andros, hombre y Ginos, mujer. Igualmente, todas las tradiciones, consideran que la “caída” -el pecado original del cristianismo- que debió afrontar la humanidad fue la diferenciación sexual. De lo que se consideraba estado de perfección originario, se descendió un peldaño. Para volver a recuperar la pureza primitiva y reintegrar el ser andrógino se establecieron distintas vías: sexualidad, magia, hermetismo, mística, alquimia, sistemas mistéricos e iniciáticos…
EL MITO PLATONICO Y SU UTILIDAD
Platón en “El Banquete” (parágrafos XIV y XV) recoje a través de un diálogo entre Aristófanes y Diotima, un mito que era anterior a él y que probablemente fue establecido por los presocráticos del siglo VI antes de JC. Explica Platón que en el origen de la humanidad existió una raza primordial que contenía en sí misma las dos polaridades, masculina y femenina. Dicha raza era fuerte y temida por los dioses del Olimpo: “Eran extraordinarios por su fuerza y su audacia, y alimentaban en su corazón orgullosos propósitos, que llegaban incluso a pretender atacar a los propios dioses en su morada”. Es difícil no ver aquí el mismo tema bíblico de la revuelta de Lucifer -el arcángel más querido- contra Dios.
Platón afirma un poco más adelante que los dioses no fulminaron a la raza andrógina, sino que se limitaron a destruir su potencia, diviéndolos en sexos. Tal fue el origen de la raza de los hombres y de las mujeres; en cada uno de ellos, sin embargo, permaneció el recuerdo del estado de perfección originario. Y es por eso que, aun hoy, hombres y mujeres buscan inconscientemente reintegrarse en ese estado edénico primordial mediante la unión acto sexual.
Platón establece el mito del andrógino para explicar dos misterios: el origen del impulso erótico y la naturaleza del estado de perfección. Ni la biología, ni mucho menos la psicología, han logrado explicar cuál es la raíz del impulso erótico; Platón lo hace a través del mito, entendiéndolo como un intento de recuperar nuestra naturaleza primitiva… una naturaleza que se consideraba perfecta e, incluso, capaz de inspirar temor a los dioses, es decir, superior a ellos. Platón explica la sexualidad como una complementareidad : las dos naturalezas, masculina y femenina, son dos partes de un todo que no encuentran su justificación ni sentido sino cuando reintegran el conjunto único originario.
LA COSTILLA DE ADAN
Antes hemos aludido al tema de Lucifer, arrojado a los infiernos por encabezar la revuelta contra Dios. En Lucifer, como en las demás jerarquías celestiales, existe una completa ambigüedad sobre su identidad sexual. Angeles, Arcángeles, Serafines y Querubines, no son sino seres andróginos y así han sido representados insistentemente por la iconografía cristiana. Sin embargo, cuando se hace referencia a seres diabólicos se extablecen diferenciaciones sexuales: los textos canónicos, los sumarios de la Inquisición, insisten en que Satanás, tiene sexo, existen íncubos y súcubos, diablos tentadores masculinos y femeninos. Se hacen curiosas especificaciones como, por ejemplo, que el diablo tiene el semen frío o que su verga produce un intenso dolor en las mujeres que posee. Las “diablesas”, por el contrario, esconden su fealdad mediante todo tipo de tretas y, a la postre, lo único que les importa es robar el semen en la oscuridad de los lechos, en ocasiones, cuando la esposa del sujeto tentado a asistido a algún akelarre de brujas o a la celebración del sabbath en compañía del diablo masculino.
Esta idea del diablo como ser andrógino está presente en la Edad Media europea, tal como puede verse en el arcano XIV del Tarot, que representa la imagen del Maligno mostrando caracteres masculinos y femeninos a la vez y manteniendo encadenados a una pareja de amantes. El cristianismo, desde los orígenes, mostró un odio teológico hacia el sexo, presente ya en las Epístolas de San Pablo, de ahí que la figura andrógina -que, por lo demás, quedaba relacionada por Lucifer- fuera criminalizada y adquiriera rasgos siniestros.
Pero ese mismo cristianismo parecía ignorar que el primer ser Adán, tenia idéntica cualidad andrógina. Dios no creó a la mujer del barro como hizo con Adán, sino que fue en el curso de un sueño de éste, que se produjo el nacimiento de Eva, a partir de una de sus costillas. Acto seguido se produce el episodio de la tentación de Eva en los mismos términos que el mito del andrógino: si estos provocaban temor a los dioses, la serpiente promete a Eva que si come del fruto del Árbol del Bien y del Mal, serán igual a Yahvé. Es decir, a la separación de sexos, sigue la “caída” y la expulsión del Paraíso, centro de la perfección originaria.
MITOS DE ORIENTE Y OCCIDENTE
Los ejemplos de casos de androginización simbólica no faltan en la historia. Se sabe, por ejemplo, que los chamanes indios de América suelen vestirse de mujer para celebrar sus ritos. María Sabina, la chamán mazateca, en el curso de sus ceremonias y ritos con ayahuasca, se comporta en todo momento como varón.
El travestismo de los sacerdotes era habitual en el mundo clásico europeo : los sacerdotes de Atis llegaban incluso a castrarse, mientras que algunos emperadores (Calígula, Nerón, Cómodo y Heliogábalo) asumieron los rasgos de bisexualidad andrógica, como elementos legitimadores de su autoridad, algo que no fue entendido por algunos historiadores de su tiempos (Dion Casio, Diodoro de Sicilia y el propio Juvenal) que tomaron el símbolo por realidad.
Esta práctica se transmitió a los emperadores bizantinos cuya autoridad se cimentaba en dos principios opuestos, masculino uno, Cristo, y femenino el otro, la Iglesia. En la Iglesia de Occidente, algunas santas son representadas con barba y el signo andrógino de la Tau (trazo horizontal, femenino y pasivo, trazo vertical, activo y viril).
San Pablo, que conocía perfectamente los sistemas mistéricos griegos y romanos, introdujo ecos desfigurados del mito del andrógino en su versión particular del cristianismo y así en la Epístola a los Gálatas (3:28) afirma que el bautismo borra las diferencias entre el hombre y la mujer. En ese mismo tiempo, los cristianos gnósticos, veían un reflejo de la síntesis andrógina en la unión entre Cristo y María Magdalena.
En lo más oscuro de la Edad Media floreció el mito de la Papisa Juana, mujer que fue elevada al trono de San Pedro y dió a luz en el camino hcia la coronación. Para la mentalidad de las órdenes de caballería, el Sacro Imperio era la manifestación masculina y la Iglesia la plasmación femenina del principio de autoridad. El Emperador, en la concepción gibelina, era la síntesis de ambos principios y, por tanto, asumía una cualidad andrógina, como siglos antes habían asumido los emperadores mesopotámicos, que ascendían al trono vestidos de mujer. Como último eco de esta tendencia, en pleno siglo XVI, Francisco I, Rey de Francia, fue representado con atributos bisexuales.
Entre las tradiciones orientales no hay diferencia. Existe una representación del Buda de la nueva era que incluye atributos masculinos y femeninos y, tanto en Oriente como en Occidente, existe la tradición de que el hombre que pasa bajo un Arco Iris, cambia automáticamente de sexo, pues no en vano, representa un puente entre el mundo humano y el divino.
Un mito ruso afirma que ni Dios ni el Diablo fueron creados por nadie pues desde el principio de los tiempos existían unidos. En “El Discurso Perfecto” de Hermes Trimegisto puede leerse : “Dios no tiene nombre, o mejor dicho, los tiene todos, puesto que es conjuntamente uno y todo” ; a lo que Asclepio responde : “-¿Pretendes decir, oh Trimegisto, que Dios posee los dos sexos ?”. “Si, y no solo Dios, sino todos los seres animados y vegetales”. Afroditas barbudas, imágenes de Venus calvas, representaciones ambiguas de Dionisos, concepciones tántricas de la unión de Shiva con su esposa Shakti, entendidas como proceso de androginización, no son ejemplos aislados, sino que evidencias una línea de tendencia según la cual el misterio del andrógino está en el origen de lo sagrado y la experiencia de lo sagrado pasa por la recuperación del estado andrógino.
LA ANDROGINIA Y EL REBIS : LA ALQUIMIA DEL SEXO
En la literatura alquímica la figura del andrógino aparece de manera obsesiva. Todos los autores herméticos, al llegar al final de la “Obra al Blanco”, es decir, la segunda etapa del trabajo hermético, simbolizan esta etapa. Tras la “Obra al Negro”, caracterizada por la putrefacción de la materia en el horno de fusión, se produce en el interior del matraz una coloración blanca, símbolo de resurrección y animación de la materia inerte; es la “Obra al Blanco”. Al final de esta fase tiene lugar lo que los alquimistas llaman “unión del Sol y la Luna”, o también “Bodas Herméticas”, que abren el camino a la tercera fase de los trabajos, la “Obra al Rojo” en la cual puede fabricarse el “polvo de proyección” que permite la transmutación de los metales.
Una vez más, la alquimia se hace eco de la inmensa posibilidad de poder que abre la unión del principio activo masculino -identificado con el Sol, el Oro y el Azufre- con el principio pasivo femenino -equivlente a la Luna, la Plata y el Mercurio-. La resultante es llamada por los alquimistas de muy distintas maneras: “cópula filosofal”, “matrimonio entre el Rey y la Reina” y, más especialmente, “Rebis”, es decir, la “cosa doble”.
Frecuentemente se representa al “Rebis” alquímico con alas, una roja y otra blanca, símbolos del Oro y la Plata. Las alas, por lo demás, denotan su sutilidad y volatilidad. Frecuentemente se le presenta coronado, en un símbolo que lleva implícita su pertenencia a una naturaleza regia superior. En ocasiones es descrito sobre un altar cuadrangular, simbolizando a los cuatro elementos que entran en juego en la Obra Hermética.
TROVADORES, CABALLEROS Y TEMPLARIOS
Llama la atención como en el siglo XII aparecieron en Occidente verdaderos caballeros andantes y trovadores que rendían culto a la dama. En la mayoría de los casos se trataba de una mujer inaccesible para ellos. Danto, por ejemplo, rindió culto a una mujer muerta que apenas había visto en vida, brevemente, en dos ocasiones, Beatriz, y otro tanto hicieron los grandes poetas gibelinos, Guido Cabalcanti o De Barberino. Los trovadores y caballeros, adoptaban como “dama del alma” a esposas de notables, reyes y nobles, que jamás hubieran consentido una relación erótica o carnal, ni siquiera platónica, muchas veces ni siquiera conocían a la dama que ofrecían sus victorias y gestas, sus poemas o canciones. La posibilidad de poseer efectivamente a esa “dama” quedaba siempre excluida de antemano. Y sin embargo, tanto la caballería como el trovadorismo fueron fenómenos realmente vivos en la humanidad medieval europea.
Los trovadores, en su lenguaje cifrado establecían que lo esencial de su concepción del mundo era el AMOR, entendido en su sentido etimológico, como “ausencia de muerte” (”a”, partícula negativa, “mor-moris”, muerte). A principios de siglo, una serie de eruditos y estudiosos del medievo europeo (Luig Valli, fundamentalmente) empezaron a intuir que, probablemente los caballeros y trovadores, cuando aludían a la “Dama” no se referían a una personalidad real, no aludían a una mujer concreta, sino a un principio superior.
Julius Evola, en su “Metafísica del Sexo” escribe: “Era en la imaginación donde vivía y residía esencialmente esta mujer; en consecuencia, era sobre un plano sutil donde el caballero hacía actuar su amor, su deseo y su exaltación“. La “dama del alma”, la “princesa lejana”, la “mujer inaccesible”, pertenecían a la propia interioridad del trovador y del caballero”, formaban parte de su ser más íntimo, que se trataba de seducir y conquistar. Lo que unos y otros hablaban con “versos extraños” (tal como decía Dante en el inicio de la “Divina comedia”) era de conectar con su parte femenina: con su alma, la “mujer del conocimiento” o la “Santa Gnosis”, entendida como un principio de iluminación, de salvación y de conocimiento trascendente.
Los caballeros y trovadores consideraban que existía una parte femenina en su interior, que correspondían a su alma y que, ésta no era más que el aspecto femenino de Dios. Pero el alma no era tenida como un principio pasivo o efectivamente existente por sí mismo, sino que era preciso activarlo y entrar en contacto con él y eso lo lograban a través de distintos procedimientos: la lucha y la gesta caballeresca realizadas con total abandono de sí mismo y pureza de corazón, el canto continuado al amor identificado en la persona de una “dama” mediante cuyo servicio renunciaban a todo egoismo.
Los mismos caballeros Templarios tenían muy presente todo este simbolismo. Entre sus votos figuraba la castidad, sin embargo se decía que “cada caballero tenía a su mujer” y el rito mistérico central del templarismo era la exaltación del Baphomet, una figura andrógina. Frecuentemente en las leyendas templarias nacidas en el tiempo de las Cruzadas se habla de caballeros ejemplares que se unieron a mujeres y de cuyo contacto carnal nació el Baphomet, el ser andrógino. Sería imposible hablar un lenguaje más claro.
ENTRE LA PSICOLOGIA Y LA ESTETICA
El mito del andrógino resistió el Renacimiento y, aunque progresivamente, arrinconado, sobrevivió en pequeños círculos de hermetistas y entre algunos literatos y pintores. En el siglo XVII, toda una generación de esoteristas hizo de la androginia el tema central de su teorización. Jacob Böheme, recuperó el tema de la androginia de Adán; él y Johann Gichtel, hablaron de la vertiente masculina y femenina de la divinidad, traducidas en el ser humano, en alma y espíritu. Ellos y los rosacruces alemanes del siglo XVII, en su exégesis esotérica de los textos bíblicos, sostenían que la “Virgen Sofía” era la parte femenina de Adán que luego encarno en la Virgen María, la cual, sin ayuda de hombre alguno, llevó en su vientre a Cristo en una equivalencia invertida al Adán que llevó en un tiempo anterior a la “caída”, a Eva en sus entrañas. Todos ellos concebían el aspecto femenino de la divinidad como una luz irradiante, blanca, extremadamente intensa que les iluminaba interiormente en estados de éxtasis profundo.
Con el paso de las centurias, todas estas afirmaciones, imposibles de entender para todos aquellos que no habían experimentado estados de trance profundo, perdieron su significado y pasaron a interpretarse en clave exclusivamente psicológica. Previamente la androginia había suscitado cierto hechizo erótico en figuras famosas del mundo de la cultura y las artes. Elémire Zola, en su estudio sobre la androginia, recuerda los escritos de Johann Winckelmann y su “anhelo de volver a la androginia”, luego los versos del poeta inglés Cowley, más adelante los casos de algunas feministas que no dudaban en vestirse con ropas masculinas, o adoptar posturas y gestos ambiguos (desde Wilde hasta Colette). Antes que todos ellos, William Blake recuperó en varios de sus poemas y en su producción artística el mito del andrógino. “Lo Femenino es independiente de lo Masculino y ambos lo son del Hombre”, había escrito. Honorato de Balzac dedicó a la figura del andrógino una de sus grandes novelas, “Serafita”, ser ambiguo, rodeado de amores imposibles, que es visto como hombre (Sefaritus) por una mujer y como mujer (Serafita) por un hombre. Balzac explica que los padres de Serafita habían sido discípulos del esoterista sueco Emmanuel Swedemborg quien también tocó el tema andrógino en sus divagaciones sobre ángeles.
Todas estas aproximaciones al andrógino suponen una degradación del tema : si hasta la Edad Media y el Renacimiento se había tratado de algo sagrado, a partir de entonces pasa a ser un tema profano en el que, progresivamente, se pierden las connotaciones iniciáticas y se penetra en el plano del esteticismo, previo paso para caer en un nivel diferente, el psicologismo. Había que llegar a Carl Gustav Jung para que se produjera el cambio de plano.
Para Jung, tal como explica ampliamente en su libro “Psicología y Alquimia”, la androginia no es sino una proyección mental del sujeto a través de la cual quiere resolver las contradicciones inherentes a lo cotidiano. Freud, antes que él, había establecido que la situación de androginia, previa a la sexualización, corresponde a los primeros años de la creación y al estado prenatal en el que el sujeto carece de problemas y conflictos y, por tanto, es aquel estado que se recuerda como edénico y que se aspira a recuperar.
Todas estas variaciones y derivaciones del mismo tema implican una degradación del símbolo que, todavía iba a banalizarse más en una etapa posterior.

ANDROGINIA Y BISEXUALIDAD, TRANSEXUALISMO…
Marx decía que la historia se repite dos veces, primero como tragedia y luego como comedia. Así debía de ser también en el caso del andrógino. Al dramatismo del mito de la caída, de la separación sexual, de la división de sexos, debió seguir, ya en nuestros días, la parodia de la reconstrucción de la unidad andrógina en curiosas variantes de la sexualidad: travestismo, transexualismo, con sus modernas derivaciones, progresivamente más grotescas (”drag-queens”) o siniestras (operaciones de cambio de sexo que no son sino auténticas castraciones).
Es preciso encuadrar el fenómeno en su momento histórico. La cultura sexual de nuestros días deriva directamente de las pautas generadas a partir de la revolución sexual de los años sesenta. Es entonces cuando, sobre la base de las teorías de Erich Fromm y Wilhem Reich, se generan una serie de movimientos de liberación sexual ; en el mismo contexto en el cual aparece la píldora y, por tanto, la posibilidad de una sexualidad no ligada necesariamente a la procreación, la relajación de las costumbres (con la pérdida de influencia de la Iglesia Romana en Occidente a partir del Vaticano II), la aparición de fenómenos aparentemente tan banales como la minifalda, la coeducación o la integración de la mujer en el mercado del trabajo.
La mujer, hasta entonces educada y formada -especialmente la mujer burguesa- para seducir al hombre, abandona ese arquetipo erótico-social y empieza a competir con el hombre en los terrenos que hasta entonces le habían sido propios. Se diría que, a partir de ese momento, la polaridad de las relaciones hombre-mujer, empieza a relajarse especialmente en algunos sectores que no se sienten seducidos por el nuevo tipo de mujer.
Esto coincide con un momento de avance de las técnicas de cirugía estética y con el aislamiento de las hormonas que contribuyen a la sexualización. Personas nacidas con defectos en el proceso de sexualización, o simplemente, con problemas psicológicos de identidad, aprovecharon estos avances para hacer realidad sus fantasías o sus anhelos más íntimos, apelando a la cirugía y a la ciencia allí donde la naturaleza no les había dado aquello que buscaban: la identidad sexual contraria.
Travestidos y transexuales hacen algo más que parecerse a mujeres, extremizan hasta la caricatura los caracteres y rasgos de la feminidad, desde los eróticos hasta los psicológicos, aquellos que la sociedad tenía como arquetipos de la hembra. Es difícil encontrar un travestí o un transexual que vista como una mujer común y corriente, casi unánimemente recurre a maquillages y prendas extremas, e incluso a dotarse de unos rasgos sexuales desmesurados (en labios, pómulos, senos, fundamentalmente). Esto genera el interés de aquellos varones que se han visto decepcionados por el nuevo modelo sexual femenino y de ahí el interés de sectores crecientes de la población masculina por el transexualismo o el travestismo.
Salvador Dalí, el famoso pintor de Cadaqués, se sintió atraído por uno de los primeros transexuales, Amanda Lear, en la que reconoció al segundo gran amor de su vida. Amanda Lear, en sus memorias, cuenta que Dalí, en cierta ocasión, le dijo: “Eres angélica, eres el ser perfecto, eres hombre y mujer a la vez”. Dalí, perfecto conocedor del mito del andrógino, como otros grandes artistas del Renacimiento (entre ellos Leonardo, a quien admirada), utilizó frecuentemente como modelos a figuras con los rasgos sexuales ambiguos e incluso, confiesa en distintas obras autobiográficas, que la atracción que sintió por su compañera durante 40 años, Gala, se debió a la visión de su espalda desnuda, que le sugería masculinidad.
Transexualismo y travestismo, con todo lo que tienen de legítimas opciones sexuales, no son más que muestras de la impotencia de la humanidad moderna por comprender e integrar el mito del andrógino, la incapacidad de vivirlo en su sentido metafísico y en sus implicaciones, no solo eróticas, sino, fundamentalmente, espirituales. Tales variantes no son sino una parodia, en ocasiones incluso grotesca, del andrógino primordial.
LA PERFECCION = COINCIDENCIA DE LOS OPUESTOS
Lo que caracteriza a la naturaleza humana es que desarrolla su actividad cotidiana en el universo de la dualidad: bueno-malo, blanco-negro, positivo-negativo, correcto-incorrecto. Este lenguaje binario estaba ya implícito en el tema de la caída adámica: el fruto del que deriva la tragedia de nuestros primeros padres es el Árbol del Bien y del Mal, esto es, el árbol de la dualidad.
Uno de los motivos que encierra el mito del andrógino es el tránsito de la Unidad a la Dualidad, es decir, de la “coindicencia de los opuestos” al “conflicto entre los opuestos”. Esta queda superada por el “misterio de la conjunción”, es decir, de la reintegración del ser en el estado primordial. De ahí la sacralizacion de la sexualidad que realizan distintas tradiciones, para las que el sexo tiene tres niveles: el puro gozo, la procreación y la experiencia de la trascendencia; a éste último se refiere el tema del andrógino.

EL ANDROGINO: LOS DOS SEXOS EN UN SOLO SER – Ernest Milà Mayo 30, 2008

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Por Prester Jano
Tradiciones de oriente y occidente, del norte y del sur, coinciden, con una extraña unanimidad, en afirmar que el primer ser que vió la luz, carecía de diferenciación sexual: era, masculino y femenino a la vez. Los griegos lo llamaron Andrógino, de Andros, hombre y Ginos, mujer. Igualmente, todas las tradiciones, consideran que la “caída” -el pecado original del cristianismo- que debió afrontar la humanidad fue la diferenciación sexual. De lo que se consideraba estado de perfección originario, se descendió un peldaño. Para volver a recuperar la pureza primitiva y reintegrar el ser andrógino se establecieron distintas vías: sexualidad, magia, hermetismo, mística, alquimia, sistemas mistéricos e iniciáticos…
EL MITO PLATONICO Y SU UTILIDAD
Platón en “El Banquete” (parágrafos XIV y XV) recoje a través de un diálogo entre Aristófanes y Diotima, un mito que era anterior a él y que probablemente fue establecido por los presocráticos del siglo VI antes de JC. Explica Platón que en el origen de la humanidad existió una raza primordial que contenía en sí misma las dos polaridades, masculina y femenina. Dicha raza era fuerte y temida por los dioses del Olimpo: “Eran extraordinarios por su fuerza y su audacia, y alimentaban en su corazón orgullosos propósitos, que llegaban incluso a pretender atacar a los propios dioses en su morada”. Es difícil no ver aquí el mismo tema bíblico de la revuelta de Lucifer -el arcángel más querido- contra Dios.
Platón afirma un poco más adelante que los dioses no fulminaron a la raza andrógina, sino que se limitaron a destruir su potencia, diviéndolos en sexos. Tal fue el origen de la raza de los hombres y de las mujeres; en cada uno de ellos, sin embargo, permaneció el recuerdo del estado de perfección originario. Y es por eso que, aun hoy, hombres y mujeres buscan inconscientemente reintegrarse en ese estado edénico primordial mediante la unión acto sexual.
Platón establece el mito del andrógino para explicar dos misterios: el origen del impulso erótico y la naturaleza del estado de perfección. Ni la biología, ni mucho menos la psicología, han logrado explicar cuál es la raíz del impulso erótico; Platón lo hace a través del mito, entendiéndolo como un intento de recuperar nuestra naturaleza primitiva… una naturaleza que se consideraba perfecta e, incluso, capaz de inspirar temor a los dioses, es decir, superior a ellos. Platón explica la sexualidad como una complementareidad : las dos naturalezas, masculina y femenina, son dos partes de un todo que no encuentran su justificación ni sentido sino cuando reintegran el conjunto único originario.
LA COSTILLA DE ADAN
Antes hemos aludido al tema de Lucifer, arrojado a los infiernos por encabezar la revuelta contra Dios. En Lucifer, como en las demás jerarquías celestiales, existe una completa ambigüedad sobre su identidad sexual. Angeles, Arcángeles, Serafines y Querubines, no son sino seres andróginos y así han sido representados insistentemente por la iconografía cristiana. Sin embargo, cuando se hace referencia a seres diabólicos se extablecen diferenciaciones sexuales: los textos canónicos, los sumarios de la Inquisición, insisten en que Satanás, tiene sexo, existen íncubos y súcubos, diablos tentadores masculinos y femeninos. Se hacen curiosas especificaciones como, por ejemplo, que el diablo tiene el semen frío o que su verga produce un intenso dolor en las mujeres que posee. Las “diablesas”, por el contrario, esconden su fealdad mediante todo tipo de tretas y, a la postre, lo único que les importa es robar el semen en la oscuridad de los lechos, en ocasiones, cuando la esposa del sujeto tentado a asistido a algún akelarre de brujas o a la celebración del sabbath en compañía del diablo masculino.
Esta idea del diablo como ser andrógino está presente en la Edad Media europea, tal como puede verse en el arcano XIV del Tarot, que representa la imagen del Maligno mostrando caracteres masculinos y femeninos a la vez y manteniendo encadenados a una pareja de amantes. El cristianismo, desde los orígenes, mostró un odio teológico hacia el sexo, presente ya en las Epístolas de San Pablo, de ahí que la figura andrógina -que, por lo demás, quedaba relacionada por Lucifer- fuera criminalizada y adquiriera rasgos siniestros.
Pero ese mismo cristianismo parecía ignorar que el primer ser Adán, tenia idéntica cualidad andrógina. Dios no creó a la mujer del barro como hizo con Adán, sino que fue en el curso de un sueño de éste, que se produjo el nacimiento de Eva, a partir de una de sus costillas. Acto seguido se produce el episodio de la tentación de Eva en los mismos términos que el mito del andrógino: si estos provocaban temor a los dioses, la serpiente promete a Eva que si come del fruto del Árbol del Bien y del Mal, serán igual a Yahvé. Es decir, a la separación de sexos, sigue la “caída” y la expulsión del Paraíso, centro de la perfección originaria.
MITOS DE ORIENTE Y OCCIDENTE
Los ejemplos de casos de androginización simbólica no faltan en la historia. Se sabe, por ejemplo, que los chamanes indios de América suelen vestirse de mujer para celebrar sus ritos. María Sabina, la chamán mazateca, en el curso de sus ceremonias y ritos con ayahuasca, se comporta en todo momento como varón.
El travestismo de los sacerdotes era habitual en el mundo clásico europeo : los sacerdotes de Atis llegaban incluso a castrarse, mientras que algunos emperadores (Calígula, Nerón, Cómodo y Heliogábalo) asumieron los rasgos de bisexualidad andrógica, como elementos legitimadores de su autoridad, algo que no fue entendido por algunos historiadores de su tiempos (Dion Casio, Diodoro de Sicilia y el propio Juvenal) que tomaron el símbolo por realidad.
Esta práctica se transmitió a los emperadores bizantinos cuya autoridad se cimentaba en dos principios opuestos, masculino uno, Cristo, y femenino el otro, la Iglesia. En la Iglesia de Occidente, algunas santas son representadas con barba y el signo andrógino de la Tau (trazo horizontal, femenino y pasivo, trazo vertical, activo y viril).
San Pablo, que conocía perfectamente los sistemas mistéricos griegos y romanos, introdujo ecos desfigurados del mito del andrógino en su versión particular del cristianismo y así en la Epístola a los Gálatas (3:28) afirma que el bautismo borra las diferencias entre el hombre y la mujer. En ese mismo tiempo, los cristianos gnósticos, veían un reflejo de la síntesis andrógina en la unión entre Cristo y María Magdalena.
En lo más oscuro de la Edad Media floreció el mito de la Papisa Juana, mujer que fue elevada al trono de San Pedro y dió a luz en el camino hcia la coronación. Para la mentalidad de las órdenes de caballería, el Sacro Imperio era la manifestación masculina y la Iglesia la plasmación femenina del principio de autoridad. El Emperador, en la concepción gibelina, era la síntesis de ambos principios y, por tanto, asumía una cualidad andrógina, como siglos antes habían asumido los emperadores mesopotámicos, que ascendían al trono vestidos de mujer. Como último eco de esta tendencia, en pleno siglo XVI, Francisco I, Rey de Francia, fue representado con atributos bisexuales.
Entre las tradiciones orientales no hay diferencia. Existe una representación del Buda de la nueva era que incluye atributos masculinos y femeninos y, tanto en Oriente como en Occidente, existe la tradición de que el hombre que pasa bajo un Arco Iris, cambia automáticamente de sexo, pues no en vano, representa un puente entre el mundo humano y el divino.
Un mito ruso afirma que ni Dios ni el Diablo fueron creados por nadie pues desde el principio de los tiempos existían unidos. En “El Discurso Perfecto” de Hermes Trimegisto puede leerse : “Dios no tiene nombre, o mejor dicho, los tiene todos, puesto que es conjuntamente uno y todo” ; a lo que Asclepio responde : “-¿Pretendes decir, oh Trimegisto, que Dios posee los dos sexos ?”. “Si, y no solo Dios, sino todos los seres animados y vegetales”. Afroditas barbudas, imágenes de Venus calvas, representaciones ambiguas de Dionisos, concepciones tántricas de la unión de Shiva con su esposa Shakti, entendidas como proceso de androginización, no son ejemplos aislados, sino que evidencias una línea de tendencia según la cual el misterio del andrógino está en el origen de lo sagrado y la experiencia de lo sagrado pasa por la recuperación del estado andrógino.
LA ANDROGINIA Y EL REBIS : LA ALQUIMIA DEL SEXO
En la literatura alquímica la figura del andrógino aparece de manera obsesiva. Todos los autores herméticos, al llegar al final de la “Obra al Blanco”, es decir, la segunda etapa del trabajo hermético, simbolizan esta etapa. Tras la “Obra al Negro”, caracterizada por la putrefacción de la materia en el horno de fusión, se produce en el interior del matraz una coloración blanca, símbolo de resurrección y animación de la materia inerte; es la “Obra al Blanco”. Al final de esta fase tiene lugar lo que los alquimistas llaman “unión del Sol y la Luna”, o también “Bodas Herméticas”, que abren el camino a la tercera fase de los trabajos, la “Obra al Rojo” en la cual puede fabricarse el “polvo de proyección” que permite la transmutación de los metales.
Una vez más, la alquimia se hace eco de la inmensa posibilidad de poder que abre la unión del principio activo masculino -identificado con el Sol, el Oro y el Azufre- con el principio pasivo femenino -equivlente a la Luna, la Plata y el Mercurio-. La resultante es llamada por los alquimistas de muy distintas maneras: “cópula filosofal”, “matrimonio entre el Rey y la Reina” y, más especialmente, “Rebis”, es decir, la “cosa doble”.
Frecuentemente se representa al “Rebis” alquímico con alas, una roja y otra blanca, símbolos del Oro y la Plata. Las alas, por lo demás, denotan su sutilidad y volatilidad. Frecuentemente se le presenta coronado, en un símbolo que lleva implícita su pertenencia a una naturaleza regia superior. En ocasiones es descrito sobre un altar cuadrangular, simbolizando a los cuatro elementos que entran en juego en la Obra Hermética.
TROVADORES, CABALLEROS Y TEMPLARIOS
Llama la atención como en el siglo XII aparecieron en Occidente verdaderos caballeros andantes y trovadores que rendían culto a la dama. En la mayoría de los casos se trataba de una mujer inaccesible para ellos. Danto, por ejemplo, rindió culto a una mujer muerta que apenas había visto en vida, brevemente, en dos ocasiones, Beatriz, y otro tanto hicieron los grandes poetas gibelinos, Guido Cabalcanti o De Barberino. Los trovadores y caballeros, adoptaban como “dama del alma” a esposas de notables, reyes y nobles, que jamás hubieran consentido una relación erótica o carnal, ni siquiera platónica, muchas veces ni siquiera conocían a la dama que ofrecían sus victorias y gestas, sus poemas o canciones. La posibilidad de poseer efectivamente a esa “dama” quedaba siempre excluida de antemano. Y sin embargo, tanto la caballería como el trovadorismo fueron fenómenos realmente vivos en la humanidad medieval europea.
Los trovadores, en su lenguaje cifrado establecían que lo esencial de su concepción del mundo era el AMOR, entendido en su sentido etimológico, como “ausencia de muerte” (”a”, partícula negativa, “mor-moris”, muerte). A principios de siglo, una serie de eruditos y estudiosos del medievo europeo (Luig Valli, fundamentalmente) empezaron a intuir que, probablemente los caballeros y trovadores, cuando aludían a la “Dama” no se referían a una personalidad real, no aludían a una mujer concreta, sino a un principio superior.
Julius Evola, en su “Metafísica del Sexo” escribe: “Era en la imaginación donde vivía y residía esencialmente esta mujer; en consecuencia, era sobre un plano sutil donde el caballero hacía actuar su amor, su deseo y su exaltación“. La “dama del alma”, la “princesa lejana”, la “mujer inaccesible”, pertenecían a la propia interioridad del trovador y del caballero”, formaban parte de su ser más íntimo, que se trataba de seducir y conquistar. Lo que unos y otros hablaban con “versos extraños” (tal como decía Dante en el inicio de la “Divina comedia”) era de conectar con su parte femenina: con su alma, la “mujer del conocimiento” o la “Santa Gnosis”, entendida como un principio de iluminación, de salvación y de conocimiento trascendente.
Los caballeros y trovadores consideraban que existía una parte femenina en su interior, que correspondían a su alma y que, ésta no era más que el aspecto femenino de Dios. Pero el alma no era tenida como un principio pasivo o efectivamente existente por sí mismo, sino que era preciso activarlo y entrar en contacto con él y eso lo lograban a través de distintos procedimientos: la lucha y la gesta caballeresca realizadas con total abandono de sí mismo y pureza de corazón, el canto continuado al amor identificado en la persona de una “dama” mediante cuyo servicio renunciaban a todo egoismo.
Los mismos caballeros Templarios tenían muy presente todo este simbolismo. Entre sus votos figuraba la castidad, sin embargo se decía que “cada caballero tenía a su mujer” y el rito mistérico central del templarismo era la exaltación del Baphomet, una figura andrógina. Frecuentemente en las leyendas templarias nacidas en el tiempo de las Cruzadas se habla de caballeros ejemplares que se unieron a mujeres y de cuyo contacto carnal nació el Baphomet, el ser andrógino. Sería imposible hablar un lenguaje más claro.
ENTRE LA PSICOLOGIA Y LA ESTETICA
El mito del andrógino resistió el Renacimiento y, aunque progresivamente, arrinconado, sobrevivió en pequeños círculos de hermetistas y entre algunos literatos y pintores. En el siglo XVII, toda una generación de esoteristas hizo de la androginia el tema central de su teorización. Jacob Böheme, recuperó el tema de la androginia de Adán; él y Johann Gichtel, hablaron de la vertiente masculina y femenina de la divinidad, traducidas en el ser humano, en alma y espíritu. Ellos y los rosacruces alemanes del siglo XVII, en su exégesis esotérica de los textos bíblicos, sostenían que la “Virgen Sofía” era la parte femenina de Adán que luego encarno en la Virgen María, la cual, sin ayuda de hombre alguno, llevó en su vientre a Cristo en una equivalencia invertida al Adán que llevó en un tiempo anterior a la “caída”, a Eva en sus entrañas. Todos ellos concebían el aspecto femenino de la divinidad como una luz irradiante, blanca, extremadamente intensa que les iluminaba interiormente en estados de éxtasis profundo.
Con el paso de las centurias, todas estas afirmaciones, imposibles de entender para todos aquellos que no habían experimentado estados de trance profundo, perdieron su significado y pasaron a interpretarse en clave exclusivamente psicológica. Previamente la androginia había suscitado cierto hechizo erótico en figuras famosas del mundo de la cultura y las artes. Elémire Zola, en su estudio sobre la androginia, recuerda los escritos de Johann Winckelmann y su “anhelo de volver a la androginia”, luego los versos del poeta inglés Cowley, más adelante los casos de algunas feministas que no dudaban en vestirse con ropas masculinas, o adoptar posturas y gestos ambiguos (desde Wilde hasta Colette). Antes que todos ellos, William Blake recuperó en varios de sus poemas y en su producción artística el mito del andrógino. “Lo Femenino es independiente de lo Masculino y ambos lo son del Hombre”, había escrito. Honorato de Balzac dedicó a la figura del andrógino una de sus grandes novelas, “Serafita”, ser ambiguo, rodeado de amores imposibles, que es visto como hombre (Sefaritus) por una mujer y como mujer (Serafita) por un hombre. Balzac explica que los padres de Serafita habían sido discípulos del esoterista sueco Emmanuel Swedemborg quien también tocó el tema andrógino en sus divagaciones sobre ángeles.
Todas estas aproximaciones al andrógino suponen una degradación del tema : si hasta la Edad Media y el Renacimiento se había tratado de algo sagrado, a partir de entonces pasa a ser un tema profano en el que, progresivamente, se pierden las connotaciones iniciáticas y se penetra en el plano del esteticismo, previo paso para caer en un nivel diferente, el psicologismo. Había que llegar a Carl Gustav Jung para que se produjera el cambio de plano.
Para Jung, tal como explica ampliamente en su libro “Psicología y Alquimia”, la androginia no es sino una proyección mental del sujeto a través de la cual quiere resolver las contradicciones inherentes a lo cotidiano. Freud, antes que él, había establecido que la situación de androginia, previa a la sexualización, corresponde a los primeros años de la creación y al estado prenatal en el que el sujeto carece de problemas y conflictos y, por tanto, es aquel estado que se recuerda como edénico y que se aspira a recuperar.
Todas estas variaciones y derivaciones del mismo tema implican una degradación del símbolo que, todavía iba a banalizarse más en una etapa posterior.

ANDROGINIA Y BISEXUALIDAD, TRANSEXUALISMO…
Marx decía que la historia se repite dos veces, primero como tragedia y luego como comedia. Así debía de ser también en el caso del andrógino. Al dramatismo del mito de la caída, de la separación sexual, de la división de sexos, debió seguir, ya en nuestros días, la parodia de la reconstrucción de la unidad andrógina en curiosas variantes de la sexualidad: travestismo, transexualismo, con sus modernas derivaciones, progresivamente más grotescas (”drag-queens”) o siniestras (operaciones de cambio de sexo que no son sino auténticas castraciones).
Es preciso encuadrar el fenómeno en su momento histórico. La cultura sexual de nuestros días deriva directamente de las pautas generadas a partir de la revolución sexual de los años sesenta. Es entonces cuando, sobre la base de las teorías de Erich Fromm y Wilhem Reich, se generan una serie de movimientos de liberación sexual ; en el mismo contexto en el cual aparece la píldora y, por tanto, la posibilidad de una sexualidad no ligada necesariamente a la procreación, la relajación de las costumbres (con la pérdida de influencia de la Iglesia Romana en Occidente a partir del Vaticano II), la aparición de fenómenos aparentemente tan banales como la minifalda, la coeducación o la integración de la mujer en el mercado del trabajo.
La mujer, hasta entonces educada y formada -especialmente la mujer burguesa- para seducir al hombre, abandona ese arquetipo erótico-social y empieza a competir con el hombre en los terrenos que hasta entonces le habían sido propios. Se diría que, a partir de ese momento, la polaridad de las relaciones hombre-mujer, empieza a relajarse especialmente en algunos sectores que no se sienten seducidos por el nuevo tipo de mujer.
Esto coincide con un momento de avance de las técnicas de cirugía estética y con el aislamiento de las hormonas que contribuyen a la sexualización. Personas nacidas con defectos en el proceso de sexualización, o simplemente, con problemas psicológicos de identidad, aprovecharon estos avances para hacer realidad sus fantasías o sus anhelos más íntimos, apelando a la cirugía y a la ciencia allí donde la naturaleza no les había dado aquello que buscaban: la identidad sexual contraria.
Travestidos y transexuales hacen algo más que parecerse a mujeres, extremizan hasta la caricatura los caracteres y rasgos de la feminidad, desde los eróticos hasta los psicológicos, aquellos que la sociedad tenía como arquetipos de la hembra. Es difícil encontrar un travestí o un transexual que vista como una mujer común y corriente, casi unánimemente recurre a maquillages y prendas extremas, e incluso a dotarse de unos rasgos sexuales desmesurados (en labios, pómulos, senos, fundamentalmente). Esto genera el interés de aquellos varones que se han visto decepcionados por el nuevo modelo sexual femenino y de ahí el interés de sectores crecientes de la población masculina por el transexualismo o el travestismo.
Salvador Dalí, el famoso pintor de Cadaqués, se sintió atraído por uno de los primeros transexuales, Amanda Lear, en la que reconoció al segundo gran amor de su vida. Amanda Lear, en sus memorias, cuenta que Dalí, en cierta ocasión, le dijo: “Eres angélica, eres el ser perfecto, eres hombre y mujer a la vez”. Dalí, perfecto conocedor del mito del andrógino, como otros grandes artistas del Renacimiento (entre ellos Leonardo, a quien admirada), utilizó frecuentemente como modelos a figuras con los rasgos sexuales ambiguos e incluso, confiesa en distintas obras autobiográficas, que la atracción que sintió por su compañera durante 40 años, Gala, se debió a la visión de su espalda desnuda, que le sugería masculinidad.
Transexualismo y travestismo, con todo lo que tienen de legítimas opciones sexuales, no son más que muestras de la impotencia de la humanidad moderna por comprender e integrar el mito del andrógino, la incapacidad de vivirlo en su sentido metafísico y en sus implicaciones, no solo eróticas, sino, fundamentalmente, espirituales. Tales variantes no son sino una parodia, en ocasiones incluso grotesca, del andrógino primordial.
LA PERFECCION = COINCIDENCIA DE LOS OPUESTOS
Lo que caracteriza a la naturaleza humana es que desarrolla su actividad cotidiana en el universo de la dualidad: bueno-malo, blanco-negro, positivo-negativo, correcto-incorrecto. Este lenguaje binario estaba ya implícito en el tema de la caída adámica: el fruto del que deriva la tragedia de nuestros primeros padres es el Árbol del Bien y del Mal, esto es, el árbol de la dualidad.
Uno de los motivos que encierra el mito del andrógino es el tránsito de la Unidad a la Dualidad, es decir, de la “coindicencia de los opuestos” al “conflicto entre los opuestos”. Esta queda superada por el “misterio de la conjunción”, es decir, de la reintegración del ser en el estado primordial. De ahí la sacralizacion de la sexualidad que realizan distintas tradiciones, para las que el sexo tiene tres niveles: el puro gozo, la procreación y la experiencia de la trascendencia; a éste último se refiere el tema del andrógino.

LA LEYENDA DE LA MUERTE DE HIRAM Y LA REGULARIDAD MASONICA Mayo 30, 2008

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Por Prester Jano

 

De entre todas las leyendas que circulan en los medios masónicos a efectos didácticos e iniciáticos, la figura y la muerte de Hiram ocupa un papel central. Revisar el contenido, las implicaciones y el nacimiento de este tema, son fundamentales para encuadrar el papel histórico e ideológico de la masonería.

A pesar de unos pocos testimonios que remontan la leyenda de Hiram al siglo XVII (1), se acepta unánimemente que ésta se incorporó a la masonería especulativa entre 1720 y 1723 y lo hizo, no sin suscitar ciertas resistencias (2). En una rama de la masonería operativa francesa, los “Hijos del Maître Jacques”, se cita al legendario arquitecto del Templo de Salomón que resulta asesinado por unos rivales; pero no se llama Hirám, sino “Maître Jacques” y, por lo demás, nace y muere en Francia y, en absoluto, resucita.

No hay duda que el pastor Anderson cuando recibió el encargo de compilar los antiguos usos y costumbres de la masonería operativa, destruyó muchos documentos en lo que se ha calificado como auténtico auto de fe. A partir de ese momento se hizo muy difícil reconstruir cuales eran las leyendas y tradiciones del período anterior. Es posible que Anderson y Desaguliers aprovecharan algunos residuos que encontraron en estos documentos y con ellos construyeron la leyenda de Hiram, o es posible incluso que, tomaran a este personaje secundario en la mitología de los masones “operativos” y lo magnificaran a efectos didácticos.

La masonería actual utiliza la leyenda de Himan en la ceremonia de iniciación al tercer grado, el de Maestro. Como mínimo hasta 1730 esta iniciación no era obligatoria. Prichard -un famoso autor masónico- escribió ese año: “No hay un masón de cada cien que pague los gastos exigidos por “The Master’s Part” [el grado de maestro], si no es por interés”(3). En 1738, la leyenda ya se había extendido por las logias y algunas la representaban; de ésta forma, poco a poco, fue difundiéndose por la nueva masonería especulativa. Tras conocer como llegó la leyenda de Hiram al acervo masónico, veamos ahora la importancia que tiene en la doctrina de la sociedad.

A lo largo del siglo XVIII se fue elaborando la doctrina masónica. Los tres primeros grados -a decir verdad, los únicos importantes- “aprendiz”, “compañero” y “maestro”, corresponden a los “tres mundos”, el mundo físico, el mundo intermedio y el mundo espiritual. Los dos primeros grados, son una preparación para la verdadera e importante iniciación conferida en el tercer grado, el de maestro. La iniciación al grado de Aprendiz confiere el dominio sobre el mundo material y en cuestiones de realidad corporal. El grado de maestro, da acceso al mundo espiritual y supraindividual y, finalmente, el de compañero debería de dar el dominio sobre el plano psíquico (4). Sin embargo, en la actualidad el grado de “compañero” está reducido a un mero trámite entre el grado de “aprendiz” y el de “maestro” y se encuentra vaciado de contenidos. Se trata, sin embargo de un grado en el que el adepto debería aprender a controlar su propio mundo interior y su psiquismo. A nadie se le escapa que se trata de un grado conflictivo; la propia leyenda de Hiram hace que éste sea muerto, precisamente, por tres “malos compañeros”, es decir por tres compañeros que no han logrado dominar ese mundo psíquico o astral. La leyenda es como sigue.

Contrariamente a la visión bíblica que quiere que el verdadero arquitecto del Templo de Salomón fue Dios y que El comunicó directamente a David los planos y dimensiones a través del profeta Natán, la leyenda masónica sostiene que Salomón recurrió al Rey de Tiro, el cual le envió a Hiram, un maestro fundidor. Hiram separó a los obreros en tres clases a fin de que cada uno pudiera recibir una paga proporcionada a su mérito y a sus talentos; cada categoría recibió signos, palabras y toques diferentes y se reunían en tres puntos concretos del Templo. Los aprendices recibían el salario en la Columna Jakin, los compañeros en la Columna Boaz y los maestros en la Cámara Media. Tres compañeros descontentos quisieron forzar a Hiram para que les diera la palabra y el signo de los maestros. Uno le golpeó con un martillo en el hombro izquierdo, el segundo con un nivel en el hombro derecho y el tercero le propinó un mazazo sobre la frente. Los tres compañeros escondieron el cadáver; al cabo de siete días Salomón ordenó a nueve maestros que lo buscaran. Quienes inspeccionaron las tierras de Occidente vislumbraron un resplandor en lo alto de una colina. Allí encontraron el cadáver de Hiram; plantaron una rama de Acacia para impedir que se perdiera; cuando fueron a enterrar el cadáver, tras tocar dos dedos y la muñeca, vieron que estaba corrompido, entonces un maestro grito “!Mak Benah!” palabra que pasó, a partir de ese momento, a ser la palabra sagrada del tercer grado (5).

En el Rito de Emulación se insiste en que “El Grado de Maestro os invita a reflexionar sobre el terrible tema y os enseña a concebir que para el hombre justo y virtuoso la muerte es menos temible que la mentira y el deshonor”. El Rito Escocés Antiguo y Aceptado interpreta el mito de la muerte de Hirám en términos morales: el maestro Hiram simboliza la Justicia, el Genio y el Arte, mientras los tres malos compañeros constituyen la perífrasis simbólica de la Ignorancia, el Fanatismo y la Ambición (6).

En la iniciación al grado de Maestro, el candidato representa a Hiram. Está móvil y silencioso, tendido sobre un féretro. Cerca de él la coreografía masónica sitúa la rama de acacia y el triángulo de oro Está cubierto por un tapiz negro y una tela ensangrentada. El Venerable de logia que oficia la ceremonia rememora el descubrimiento del cadáver de Hiram por los nueve maestros masones. Deposita la rama de acacia sobre la tela. Luego, dirigiéndose a la asamblea, explica la necesidad de abandonar las antiguas palabras y signos de reconocimientos y propone difundirla entre los maestros. El Venerable, ayudado por los vigilantes levanta la tela ensangrentada y el tapiz negro. El Segundo Vigilante toma al candidato por el dedo índice de la mano derecha rememorando el descarnamiento de la mano del arquitecto legendario; pronuncia la palabra “Jakin”, el Primer Vigilante hace otro tanto, tomando el dedo medio y diciendo “Boaz”. El Venerable toma la muñeca derecha, pasa la mano izquierda bajo el hombro derecho, manteniendo el pie derecho junto al pie derecho del candidato, rodilla contra rodilla y pecho ocntra pecho; lo levanta ayudado por los Vigilantes y dice: “Ha recibido la Vida en el seno de la Muerte”. Es entonces cuando el aspirante recibe la palabra del Maestro, “Mak Benah”, la primera parte en un oido y la segundo en el otro. Ya en su sitial, el Venerable termina: “Hermanos, que nuestra alegría sea grande en este día; aquel que era parecido a los muertos ha renunciado a los vicios que podían corromperle y ha recibido una vida nueva”.

Se trata de un psicodrama susceptible de muchas lecturas. La moralista es la que parece más evidente y la más aceptada en el interior de las logias. La dualidad muerte-resurrección se tiene como una renuncia a los vicios que corrompen la naturaleza humana. La interpretación espiritualista, que sostienen algunos sectores masónicos surgidos de los medios esotéricos del siglo XVIII u ocultistas del XIX, apenas se vislumbra por ningún sitio. El tema iniciático central -muerte del hombre viejo y resurrección de un ser renovado- solamente es lícito si antes, los dos primeros grados, han cumplido su función: dominio y control sobre el cuerpo y dominio y control sobre el psiquismo. A partir de este punto, alcanzado durante la iniciación como Compañero, se abre la puerta a la comprensión del tercer grado: de lo contrario, la representación de la tragedia de Hiram no deja de ser una representación teatral necesaria para escalar los más altos grados de la masonería, pero desprovisto de un contenido objetivo de apertura de la conciencia a niveles más profundos. Y si esto es así, la masonería dista mucho de ser una organización iniciática, sino que apenas es otra cosa hoy que un club adaptado a un cierto tipo de necesidades sociales. Y esto lleva, dramáticamente, a otro punto: la cuestión de la regularidad masónica.

Todo esto plantea una cuestión sorprendente y decisiva para juzgar a la masonería. La iniciación -virtual o efectiva, si hemos de aceptar la discusión en los términos planteados por René Guenon- que transmite una organización es válida, si la organización es “regular”. La regularidad queda definida por los ritos, organización y origen. Para que una organización sea regular sus ritos no deben haber sido alterados, desde su fundación, al menos en lo esencial. Para ser válidos, los ritos contienen un elemento “no-humano”, que los hace indiscutibles y, por lo mismo, intocables. El rito no es una creación consciente de la naturaleza humana, sino algo que trasciende a esa misma naturaleza humana y que, por tanto, no puede haber surgido de ella. De aquí deriva la eficacia del rito: el rito es considerado por las organizaciones iniciáticas como inefable, comparable a la de una ley física o una fórmula química, tal que si se cumplen todas las condiciones normales requeridas en la experiencia, se produce el efecto esperado. Si se altera alguno de los elementos, el resultado varía. En la cuestión de los ritos, cualquier alteración ha sido considerada, desde la más remota antigüedad, como un sacrilegio. Los sacerdotes romanos si cometían un error, aun involuntario, en el desarrollo de un rito, debían realizar sacrificios expiatorios extremadametne complejos. En la actualidad, la iglesia tradicionalista y conservadora sostiene un contencioso con el Vaticano a raíz de la reforma litúrgica posterior al concilio. Si para el Vaticano se trata solo de una simple reforma, para los sectores conservadores, la reforma ha alterado hasta tal punto los contenidos del rito que lo ha hecho ineficaz.

Y hay que plantearse hasta qué punto, la alteración de los ritos de la masonería operativa, la invención de nuevos temas, la creación de una superestructura de grados (33 en el Rito Escocés, 95 en el Rito de Memphis), la aparición constante de nuevos ritos (especialmente a lo largo del siglo XVIII y principios del XIX) y, finalmente la alteración misma de los mismos, no los ha convertido en ineficaces y las organizaciones que los impartes, en irregulares. Robert Ambelain lo plantea descarnadamente: “A fuerza de distribuir certificados de regularidad o de negarlos, la Gran Logia Unida de Inglaterra, sucesora de la Gran Logia de Inglaterra, la cual había nacido a su vez de la Gran Logia de Londres y de Westminster, que fue inicialmente la Gran Logia de Londres, ha terminado por creerse la única regular” (7).

El razonamiento de Ambelain se basa, no solo en la alteración evidente de los ritos de la antigua francmasonería operativa, sino en la condición de Anderson y Desaguliers como profanos que no habían recibido ninguna iniciación y, por tanto, no tenían autoridad para conferirla. Tanto Anderson como Desaguliers eran clérigos protestantes y ocupaban en la logia el cargo de capellanes que, como los médicos, solamente asistían a las tenidas cuando sus servicios eran requeridos, estaban allí en razón de su cargo y no en virtud de una admisión regular. De los ocho primeros masones que constituyeron cuatro logias en 1714 ni uno solo parece haber sido iniciado regularmente. “La nueva Gran Logia de Londres se otorgó, como él mismo subraya, la autoridad que no poseía, sobre todo teniendo en cuenta que había sido fundada por profanos, no iniciados en las formas rituales y regulares” (8). En septiembre de 1715, algunos masones operativos pretendieron asistir a una asamblea de la Logia constituida por Anderson y Desaguliers y sus siete compañeros. Tras serles impedido el acceso a la reunión, dieron cuenta de los hechos a la Logia operativa de Londres. Esta declaró ilegal la nueva formación que cambió inmediatamente de nombre pasando a llamarse “Logia Antigüedad”, expandiéndose por otros barrios londinenses hasta la fusión de 1717 (9).

Luego, todo lo que deriva de este histórico arranque de la masonería especulativa, a excepción de las logias estuardistas que se habían formado en los regimientos exiliados en Saint Germain en Laye en torno al pretendiente, tienen un carácter irregular y sus ritos de iniciación son inválidos… El hecho de que la masonería fundada en 1717 y cuyas bases se habían establecido en 1714 y aprobado finalmente en 1723, consiguiera imponer su autoridad y criterio sobre las antiguas hermandades operativas, se basó solo en una cuestión de número, más que de autoridad de origen. La virulencia con que Ambelain carga contra la masonería inglesa le lleva incluso a decir que “ni siquiera se trata de una obediencia bastarda, puesto que los bastardos poseen la sangre y la raza que les reconocían las leyes de la nobleza”… palabras muy duras para alguien que ostenta una alta dignidad masónica y martinista.

NOTAS

(1) Goblet d’Alviella en su estudio sobre “Los orígenes del grado de Maestro en la Franc-masonería” (Edicomunicación, Barcelona, 1991, pág. 69-70) reconoce que “la leyenda de Hiram, tal como se representa en nuestras Cámaras del Centro, parece haber sido ignorada por la francmasonería operativa”. Alviella cita el manuscritu “Regius” (1390), uno de los documentos más importantes, que se disponen sobre la masonería operativa, no habla ni de Hiram, ni del Templo de Salomón. El manuscrito “Dowland” menciona solo al rey de Tiro y el “Cooke” lo considera hijo del Rey de Tiro. Alviella reconoce que que, durante el siglo XVII, el personaje de Hiram se situaba completamente en segundo plano: “Si Hiram Abif hubiese figurado, en ese período en las ceremonias o las tradiciones del oficio, las Constituciones manuscritas de la época no guardarían como lo hacen un silencio uniforme e ininterrumpido sobre la existencia real o legendaria de un personaje tan preminente en la historia y la leyenda posteriores de la Orden”.

(2) En 1725 en uno de los anexos publicados al texto “The Grand Mystery discovered” se denunciaba que en algunas logias londinenses “se cuentan extrañas y necias historias a propósito de un árbol que habría salido de la tumba de Hiram, con hojas maravillosas y un fruto de una calidad asombrosa, a pesar de ignorar cuándo ni dónde falleció y sin saber sobre su tumba más que sobre la de Pompeya” (citado por Goblet d’Alviella, op. cit., pag. 72).

(3) Goblet d’Alviela, op. cit., pág. 71.

(4) Este tema ha sido brillantemente desarrollado por nuestro amigo Alexander Duguin en su libro “Rossia, zagadka Evrazii”, traducido con el título “Rusia, el misterio de Euro-asia”, Editorial Grupo Libro 88, SA, Madrid 1992, traducción de Arturo Marián Llanos, págs. 190-2

 

(5) Existen múltiples versiones detalladas de esa leyenda, nosotros hemos seguido la expuesta por Pierre Mariel en su libro “Rituales e iniciaciones en las sociedades secretas”, Espasa Calpe, SA, Madrid 1978, págs. 35-42. También puede encontrarse una versión más detallada en “El Secreto Masónico”, Robert Ambelain, Editorial Martínez Roca, Barcelona 1987, págs. 39-51. Si se desea consultar un texto masónico, puede recurrirse a “Francmaçonnerie, Ritual du Grade de Maûtre” por J.-M. Ragon, edición original Teissier, París 1859, págs. 9-15, recientemente reeditado en edición facsímil por Les Rouyat, Ventabren 1976.

 

(6) “Dictionnaire de la Franc-maçonnerie”, elaborado bajo la dirección de Daniel Ligou, Presses Universitaires de France, París 1987, vocablo “Hiram”, pág. 577.

 

(7) Robert Ambelain, “El secreto masónico”, op. cit., pág. 219.

 

(8) Op. cit., pág. 222.

 

(9) Ambelain, op. cit., pág. 121-122.

LA LEYENDA DE LA MUERTE DE HIRAM Y LA REGULARIDAD MASONICA Mayo 30, 2008

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Por Prester Jano

 

De entre todas las leyendas que circulan en los medios masónicos a efectos didácticos e iniciáticos, la figura y la muerte de Hiram ocupa un papel central. Revisar el contenido, las implicaciones y el nacimiento de este tema, son fundamentales para encuadrar el papel histórico e ideológico de la masonería.

A pesar de unos pocos testimonios que remontan la leyenda de Hiram al siglo XVII (1), se acepta unánimemente que ésta se incorporó a la masonería especulativa entre 1720 y 1723 y lo hizo, no sin suscitar ciertas resistencias (2). En una rama de la masonería operativa francesa, los “Hijos del Maître Jacques”, se cita al legendario arquitecto del Templo de Salomón que resulta asesinado por unos rivales; pero no se llama Hirám, sino “Maître Jacques” y, por lo demás, nace y muere en Francia y, en absoluto, resucita.

No hay duda que el pastor Anderson cuando recibió el encargo de compilar los antiguos usos y costumbres de la masonería operativa, destruyó muchos documentos en lo que se ha calificado como auténtico auto de fe. A partir de ese momento se hizo muy difícil reconstruir cuales eran las leyendas y tradiciones del período anterior. Es posible que Anderson y Desaguliers aprovecharan algunos residuos que encontraron en estos documentos y con ellos construyeron la leyenda de Hiram, o es posible incluso que, tomaran a este personaje secundario en la mitología de los masones “operativos” y lo magnificaran a efectos didácticos.

La masonería actual utiliza la leyenda de Himan en la ceremonia de iniciación al tercer grado, el de Maestro. Como mínimo hasta 1730 esta iniciación no era obligatoria. Prichard -un famoso autor masónico- escribió ese año: “No hay un masón de cada cien que pague los gastos exigidos por “The Master’s Part” [el grado de maestro], si no es por interés”(3). En 1738, la leyenda ya se había extendido por las logias y algunas la representaban; de ésta forma, poco a poco, fue difundiéndose por la nueva masonería especulativa. Tras conocer como llegó la leyenda de Hiram al acervo masónico, veamos ahora la importancia que tiene en la doctrina de la sociedad.

A lo largo del siglo XVIII se fue elaborando la doctrina masónica. Los tres primeros grados -a decir verdad, los únicos importantes- “aprendiz”, “compañero” y “maestro”, corresponden a los “tres mundos”, el mundo físico, el mundo intermedio y el mundo espiritual. Los dos primeros grados, son una preparación para la verdadera e importante iniciación conferida en el tercer grado, el de maestro. La iniciación al grado de Aprendiz confiere el dominio sobre el mundo material y en cuestiones de realidad corporal. El grado de maestro, da acceso al mundo espiritual y supraindividual y, finalmente, el de compañero debería de dar el dominio sobre el plano psíquico (4). Sin embargo, en la actualidad el grado de “compañero” está reducido a un mero trámite entre el grado de “aprendiz” y el de “maestro” y se encuentra vaciado de contenidos. Se trata, sin embargo de un grado en el que el adepto debería aprender a controlar su propio mundo interior y su psiquismo. A nadie se le escapa que se trata de un grado conflictivo; la propia leyenda de Hiram hace que éste sea muerto, precisamente, por tres “malos compañeros”, es decir por tres compañeros que no han logrado dominar ese mundo psíquico o astral. La leyenda es como sigue.

Contrariamente a la visión bíblica que quiere que el verdadero arquitecto del Templo de Salomón fue Dios y que El comunicó directamente a David los planos y dimensiones a través del profeta Natán, la leyenda masónica sostiene que Salomón recurrió al Rey de Tiro, el cual le envió a Hiram, un maestro fundidor. Hiram separó a los obreros en tres clases a fin de que cada uno pudiera recibir una paga proporcionada a su mérito y a sus talentos; cada categoría recibió signos, palabras y toques diferentes y se reunían en tres puntos concretos del Templo. Los aprendices recibían el salario en la Columna Jakin, los compañeros en la Columna Boaz y los maestros en la Cámara Media. Tres compañeros descontentos quisieron forzar a Hiram para que les diera la palabra y el signo de los maestros. Uno le golpeó con un martillo en el hombro izquierdo, el segundo con un nivel en el hombro derecho y el tercero le propinó un mazazo sobre la frente. Los tres compañeros escondieron el cadáver; al cabo de siete días Salomón ordenó a nueve maestros que lo buscaran. Quienes inspeccionaron las tierras de Occidente vislumbraron un resplandor en lo alto de una colina. Allí encontraron el cadáver de Hiram; plantaron una rama de Acacia para impedir que se perdiera; cuando fueron a enterrar el cadáver, tras tocar dos dedos y la muñeca, vieron que estaba corrompido, entonces un maestro grito “!Mak Benah!” palabra que pasó, a partir de ese momento, a ser la palabra sagrada del tercer grado (5).

En el Rito de Emulación se insiste en que “El Grado de Maestro os invita a reflexionar sobre el terrible tema y os enseña a concebir que para el hombre justo y virtuoso la muerte es menos temible que la mentira y el deshonor”. El Rito Escocés Antiguo y Aceptado interpreta el mito de la muerte de Hirám en términos morales: el maestro Hiram simboliza la Justicia, el Genio y el Arte, mientras los tres malos compañeros constituyen la perífrasis simbólica de la Ignorancia, el Fanatismo y la Ambición (6).

En la iniciación al grado de Maestro, el candidato representa a Hiram. Está móvil y silencioso, tendido sobre un féretro. Cerca de él la coreografía masónica sitúa la rama de acacia y el triángulo de oro Está cubierto por un tapiz negro y una tela ensangrentada. El Venerable de logia que oficia la ceremonia rememora el descubrimiento del cadáver de Hiram por los nueve maestros masones. Deposita la rama de acacia sobre la tela. Luego, dirigiéndose a la asamblea, explica la necesidad de abandonar las antiguas palabras y signos de reconocimientos y propone difundirla entre los maestros. El Venerable, ayudado por los vigilantes levanta la tela ensangrentada y el tapiz negro. El Segundo Vigilante toma al candidato por el dedo índice de la mano derecha rememorando el descarnamiento de la mano del arquitecto legendario; pronuncia la palabra “Jakin”, el Primer Vigilante hace otro tanto, tomando el dedo medio y diciendo “Boaz”. El Venerable toma la muñeca derecha, pasa la mano izquierda bajo el hombro derecho, manteniendo el pie derecho junto al pie derecho del candidato, rodilla contra rodilla y pecho ocntra pecho; lo levanta ayudado por los Vigilantes y dice: “Ha recibido la Vida en el seno de la Muerte”. Es entonces cuando el aspirante recibe la palabra del Maestro, “Mak Benah”, la primera parte en un oido y la segundo en el otro. Ya en su sitial, el Venerable termina: “Hermanos, que nuestra alegría sea grande en este día; aquel que era parecido a los muertos ha renunciado a los vicios que podían corromperle y ha recibido una vida nueva”.

Se trata de un psicodrama susceptible de muchas lecturas. La moralista es la que parece más evidente y la más aceptada en el interior de las logias. La dualidad muerte-resurrección se tiene como una renuncia a los vicios que corrompen la naturaleza humana. La interpretación espiritualista, que sostienen algunos sectores masónicos surgidos de los medios esotéricos del siglo XVIII u ocultistas del XIX, apenas se vislumbra por ningún sitio. El tema iniciático central -muerte del hombre viejo y resurrección de un ser renovado- solamente es lícito si antes, los dos primeros grados, han cumplido su función: dominio y control sobre el cuerpo y dominio y control sobre el psiquismo. A partir de este punto, alcanzado durante la iniciación como Compañero, se abre la puerta a la comprensión del tercer grado: de lo contrario, la representación de la tragedia de Hiram no deja de ser una representación teatral necesaria para escalar los más altos grados de la masonería, pero desprovisto de un contenido objetivo de apertura de la conciencia a niveles más profundos. Y si esto es así, la masonería dista mucho de ser una organización iniciática, sino que apenas es otra cosa hoy que un club adaptado a un cierto tipo de necesidades sociales. Y esto lleva, dramáticamente, a otro punto: la cuestión de la regularidad masónica.

Todo esto plantea una cuestión sorprendente y decisiva para juzgar a la masonería. La iniciación -virtual o efectiva, si hemos de aceptar la discusión en los términos planteados por René Guenon- que transmite una organización es válida, si la organización es “regular”. La regularidad queda definida por los ritos, organización y origen. Para que una organización sea regular sus ritos no deben haber sido alterados, desde su fundación, al menos en lo esencial. Para ser válidos, los ritos contienen un elemento “no-humano”, que los hace indiscutibles y, por lo mismo, intocables. El rito no es una creación consciente de la naturaleza humana, sino algo que trasciende a esa misma naturaleza humana y que, por tanto, no puede haber surgido de ella. De aquí deriva la eficacia del rito: el rito es considerado por las organizaciones iniciáticas como inefable, comparable a la de una ley física o una fórmula química, tal que si se cumplen todas las condiciones normales requeridas en la experiencia, se produce el efecto esperado. Si se altera alguno de los elementos, el resultado varía. En la cuestión de los ritos, cualquier alteración ha sido considerada, desde la más remota antigüedad, como un sacrilegio. Los sacerdotes romanos si cometían un error, aun involuntario, en el desarrollo de un rito, debían realizar sacrificios expiatorios extremadametne complejos. En la actualidad, la iglesia tradicionalista y conservadora sostiene un contencioso con el Vaticano a raíz de la reforma litúrgica posterior al concilio. Si para el Vaticano se trata solo de una simple reforma, para los sectores conservadores, la reforma ha alterado hasta tal punto los contenidos del rito que lo ha hecho ineficaz.

Y hay que plantearse hasta qué punto, la alteración de los ritos de la masonería operativa, la invención de nuevos temas, la creación de una superestructura de grados (33 en el Rito Escocés, 95 en el Rito de Memphis), la aparición constante de nuevos ritos (especialmente a lo largo del siglo XVIII y principios del XIX) y, finalmente la alteración misma de los mismos, no los ha convertido en ineficaces y las organizaciones que los impartes, en irregulares. Robert Ambelain lo plantea descarnadamente: “A fuerza de distribuir certificados de regularidad o de negarlos, la Gran Logia Unida de Inglaterra, sucesora de la Gran Logia de Inglaterra, la cual había nacido a su vez de la Gran Logia de Londres y de Westminster, que fue inicialmente la Gran Logia de Londres, ha terminado por creerse la única regular” (7).

El razonamiento de Ambelain se basa, no solo en la alteración evidente de los ritos de la antigua francmasonería operativa, sino en la condición de Anderson y Desaguliers como profanos que no habían recibido ninguna iniciación y, por tanto, no tenían autoridad para conferirla. Tanto Anderson como Desaguliers eran clérigos protestantes y ocupaban en la logia el cargo de capellanes que, como los médicos, solamente asistían a las tenidas cuando sus servicios eran requeridos, estaban allí en razón de su cargo y no en virtud de una admisión regular. De los ocho primeros masones que constituyeron cuatro logias en 1714 ni uno solo parece haber sido iniciado regularmente. “La nueva Gran Logia de Londres se otorgó, como él mismo subraya, la autoridad que no poseía, sobre todo teniendo en cuenta que había sido fundada por profanos, no iniciados en las formas rituales y regulares” (8). En septiembre de 1715, algunos masones operativos pretendieron asistir a una asamblea de la Logia constituida por Anderson y Desaguliers y sus siete compañeros. Tras serles impedido el acceso a la reunión, dieron cuenta de los hechos a la Logia operativa de Londres. Esta declaró ilegal la nueva formación que cambió inmediatamente de nombre pasando a llamarse “Logia Antigüedad”, expandiéndose por otros barrios londinenses hasta la fusión de 1717 (9).

Luego, todo lo que deriva de este histórico arranque de la masonería especulativa, a excepción de las logias estuardistas que se habían formado en los regimientos exiliados en Saint Germain en Laye en torno al pretendiente, tienen un carácter irregular y sus ritos de iniciación son inválidos… El hecho de que la masonería fundada en 1717 y cuyas bases se habían establecido en 1714 y aprobado finalmente en 1723, consiguiera imponer su autoridad y criterio sobre las antiguas hermandades operativas, se basó solo en una cuestión de número, más que de autoridad de origen. La virulencia con que Ambelain carga contra la masonería inglesa le lleva incluso a decir que “ni siquiera se trata de una obediencia bastarda, puesto que los bastardos poseen la sangre y la raza que les reconocían las leyes de la nobleza”… palabras muy duras para alguien que ostenta una alta dignidad masónica y martinista.

NOTAS

(1) Goblet d’Alviella en su estudio sobre “Los orígenes del grado de Maestro en la Franc-masonería” (Edicomunicación, Barcelona, 1991, pág. 69-70) reconoce que “la leyenda de Hiram, tal como se representa en nuestras Cámaras del Centro, parece haber sido ignorada por la francmasonería operativa”. Alviella cita el manuscritu “Regius” (1390), uno de los documentos más importantes, que se disponen sobre la masonería operativa, no habla ni de Hiram, ni del Templo de Salomón. El manuscrito “Dowland” menciona solo al rey de Tiro y el “Cooke” lo considera hijo del Rey de Tiro. Alviella reconoce que que, durante el siglo XVII, el personaje de Hiram se situaba completamente en segundo plano: “Si Hiram Abif hubiese figurado, en ese período en las ceremonias o las tradiciones del oficio, las Constituciones manuscritas de la época no guardarían como lo hacen un silencio uniforme e ininterrumpido sobre la existencia real o legendaria de un personaje tan preminente en la historia y la leyenda posteriores de la Orden”.

(2) En 1725 en uno de los anexos publicados al texto “The Grand Mystery discovered” se denunciaba que en algunas logias londinenses “se cuentan extrañas y necias historias a propósito de un árbol que habría salido de la tumba de Hiram, con hojas maravillosas y un fruto de una calidad asombrosa, a pesar de ignorar cuándo ni dónde falleció y sin saber sobre su tumba más que sobre la de Pompeya” (citado por Goblet d’Alviella, op. cit., pag. 72).

(3) Goblet d’Alviela, op. cit., pág. 71.

(4) Este tema ha sido brillantemente desarrollado por nuestro amigo Alexander Duguin en su libro “Rossia, zagadka Evrazii”, traducido con el título “Rusia, el misterio de Euro-asia”, Editorial Grupo Libro 88, SA, Madrid 1992, traducción de Arturo Marián Llanos, págs. 190-2

 

(5) Existen múltiples versiones detalladas de esa leyenda, nosotros hemos seguido la expuesta por Pierre Mariel en su libro “Rituales e iniciaciones en las sociedades secretas”, Espasa Calpe, SA, Madrid 1978, págs. 35-42. También puede encontrarse una versión más detallada en “El Secreto Masónico”, Robert Ambelain, Editorial Martínez Roca, Barcelona 1987, págs. 39-51. Si se desea consultar un texto masónico, puede recurrirse a “Francmaçonnerie, Ritual du Grade de Maûtre” por J.-M. Ragon, edición original Teissier, París 1859, págs. 9-15, recientemente reeditado en edición facsímil por Les Rouyat, Ventabren 1976.

 

(6) “Dictionnaire de la Franc-maçonnerie”, elaborado bajo la dirección de Daniel Ligou, Presses Universitaires de France, París 1987, vocablo “Hiram”, pág. 577.

 

(7) Robert Ambelain, “El secreto masónico”, op. cit., pág. 219.

 

(8) Op. cit., pág. 222.

 

(9) Ambelain, op. cit., pág. 121-122.

Malestar en Perú por las imprecisiones del nuevo Indiana Jones Mayo 30, 2008

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LIMA PERU(jueves 29 del 2008) - La última aventura del héroe de culto Indiana Jones, que bate récords de taquilla en el mundo, genera malestar en el país -donde se ambienta la película- debido a errores tan burdos como que el mexicano Pancho Villa enseñaba el quechua, el idioma de los incas.

Los espectadores que acuden a ver ‘Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal’ se sorprenden cuando en la película se dice que Pancho Villa, el héroe de la revolución mexicana, y sus amigos hablaban quechua, el idioma de los antiguos peruanos.

“Eso es una barbaridad”, declaró Hugo Neyra, director de la Biblioteca Nacional del Perú.

A la salida de las salas, los cinéfilos peruanos expresan su incomodidad ante el hecho de que la música que acompaña a las aventuras ambientadas en Perú del arqueólogo Indiana Jones está conformada por rancheras, típicas de México.

A ello se agrega que hay guerreros mayas que hablan quechua en la selva peruana, región supuestamente plagada de arenas movedizas, con insaciables hormigas que devoran a humanos y enormes cataratas que en realidad se encuentran en Hawai.

Aunque quizá uno de los mayores errores de la cinta consiste en que sitúa la pirámide de Chichen Itzá -ubicada en México- en medio de la amazonía peruana.

El historiador Manuel Burga, ex rector de la Universidad de San Marcos -la más antigua de América-, comentó que aunque se trate de una película de ficción a los creadores del personaje del látigo, Steven Spielberg y George Lucas, les faltó asesoramiento.

“Hay muchos datos incorrectos, aunque se trate de una ficción. Eso va a ser perjudicial para mucha gente que no conoce nuestro país, pues muestra un escenario peruano que no es real. No es posible que se confunda la Amazonía con la selva de Yucatán en México”, se quejó Burga.

“Debió haber especialistas que investigaran previamente antes de elaborar el guión”, sentenció el historiador.

Neyra hizo notar, por su parte, que muchos estadounidenses y europeos medianamente informados se darán cuenta de que es “una aberración” mezclar las culturas maya e inca. “Ellos saben que Machu Picchu está en Cusco y que Chichen Itzá (está) en México”, refirió.

Teodoro Hampe, historiador, estimó que en la mente del estadounidense común hay un esquema según el cual todo lo que está más allá de sus fronteras hacia el sur, a partir de México, es lo mismo. “Para ellos les da igual, es lo mismo México, Guatemala, Bolivia o Perú”, acotó.

Otra de las incongruencias de la cuarta película de Indiana Jones es la ubicación de la ciudad de Nasca, en la costa sur de Perú, que la película sitúa en el Cusco, en medio de los Andes del sur peruano.

Los comentarios critican también que la trama incide en un prejuicio difundido en el exterior y rechazado por la comunidad científica internacional según el cual la civilización andina es producto de la visita de extraterrestres.

El mensaje subliminal parece ser que los logros de las civilizaciones surgidas en América Latina son producto de fuerzas sobrenaturales y no de la capacidad de sus propios habitantes.

Fuente: AFP

Malestar en Perú por las imprecisiones del nuevo Indiana Jones Mayo 30, 2008

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LIMA PERU(jueves 29 del 2008) - La última aventura del héroe de culto Indiana Jones, que bate récords de taquilla en el mundo, genera malestar en el país -donde se ambienta la película- debido a errores tan burdos como que el mexicano Pancho Villa enseñaba el quechua, el idioma de los incas.

Los espectadores que acuden a ver ‘Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal’ se sorprenden cuando en la película se dice que Pancho Villa, el héroe de la revolución mexicana, y sus amigos hablaban quechua, el idioma de los antiguos peruanos.

“Eso es una barbaridad”, declaró Hugo Neyra, director de la Biblioteca Nacional del Perú.

A la salida de las salas, los cinéfilos peruanos expresan su incomodidad ante el hecho de que la música que acompaña a las aventuras ambientadas en Perú del arqueólogo Indiana Jones está conformada por rancheras, típicas de México.

A ello se agrega que hay guerreros mayas que hablan quechua en la selva peruana, región supuestamente plagada de arenas movedizas, con insaciables hormigas que devoran a humanos y enormes cataratas que en realidad se encuentran en Hawai.

Aunque quizá uno de los mayores errores de la cinta consiste en que sitúa la pirámide de Chichen Itzá -ubicada en México- en medio de la amazonía peruana.

El historiador Manuel Burga, ex rector de la Universidad de San Marcos -la más antigua de América-, comentó que aunque se trate de una película de ficción a los creadores del personaje del látigo, Steven Spielberg y George Lucas, les faltó asesoramiento.

“Hay muchos datos incorrectos, aunque se trate de una ficción. Eso va a ser perjudicial para mucha gente que no conoce nuestro país, pues muestra un escenario peruano que no es real. No es posible que se confunda la Amazonía con la selva de Yucatán en México”, se quejó Burga.

“Debió haber especialistas que investigaran previamente antes de elaborar el guión”, sentenció el historiador.

Neyra hizo notar, por su parte, que muchos estadounidenses y europeos medianamente informados se darán cuenta de que es “una aberración” mezclar las culturas maya e inca. “Ellos saben que Machu Picchu está en Cusco y que Chichen Itzá (está) en México”, refirió.

Teodoro Hampe, historiador, estimó que en la mente del estadounidense común hay un esquema según el cual todo lo que está más allá de sus fronteras hacia el sur, a partir de México, es lo mismo. “Para ellos les da igual, es lo mismo México, Guatemala, Bolivia o Perú”, acotó.

Otra de las incongruencias de la cuarta película de Indiana Jones es la ubicación de la ciudad de Nasca, en la costa sur de Perú, que la película sitúa en el Cusco, en medio de los Andes del sur peruano.

Los comentarios critican también que la trama incide en un prejuicio difundido en el exterior y rechazado por la comunidad científica internacional según el cual la civilización andina es producto de la visita de extraterrestres.

El mensaje subliminal parece ser que los logros de las civilizaciones surgidas en América Latina son producto de fuerzas sobrenaturales y no de la capacidad de sus propios habitantes.

Fuente: AFP

BOLIVIA: INVITACION A SOLEMNE TENIDA BLANCA EN EL VALLE DE LA PAZ‏ Mayo 29, 2008

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FENIXnews, La Paz-BOLIVIA(Mayo29 del 2008). Los Hermanos de la Gran Logia del Rito de York de Bolivia envian su saludo mas cordial a la madres bolivianas e desean invitarlas a la Tenida Blanca en honor de la madre masononica, evento que se llevara a cabo en su Templo en el Vall:. de la Paz .
Se adjunta invitacion: Hacer clic para ampliar imagen

BOLIVIA: INVITACION A SOLEMNE TENIDA BLANCA EN EL VALLE DE LA PAZ‏ Mayo 29, 2008

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Se adjunta invitacion: Hacer clic para ampliar imagen

PERU: INVITACION AL 4to. ANIVERSARIO DE LA R:.L:.S:.MX:. ILLARIY N° 4‏ Mayo 29, 2008

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LA R:.L:.S:.MX:. ILLARIY N° 4, TIENE EL AGRADO DE INVITAROS A LA TEN:. SOLEMNE POR EL 4° ANIVERSARIO DE SU FUNDACION, CEREMONIA QUE SE LLEVARA A CABO EL DIA SABADO 31 DE MAYO A LAS 10.30 A.M. EN EL TEMP:. DE LA FRAT:., UBICADO EN EL P:.G:. DEL JR. PARAGUAY 400, DEL VALL:. DE LIMA.

LA R:.H:. V:.M:: OLGA WINSTANLEY DE MARCIANI, SU CUADRO DE DD:. Y OO:. Y LOS RR:. Y QQ:. DEL TALLER, OS EXPRESAN SU MAS PROFUNDO AGRADECIMIENTO POR VUESTRA ASISTENCIA, QUE DARA REALCE A ESTA CEREMONIA.

APROVECHAMOS LA OCASION PARA REITERAROS NUESTROS FF:. SENTIMIENTOS.

VALLE DE LIMA, MAYO DEL 2008 E:.V:.

PERU: INVITACION AL 4to. ANIVERSARIO DE LA R:.L:.S:.MX:. ILLARIY N° 4‏ Mayo 29, 2008

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LA R:.L:.S:.MX:. ILLARIY N° 4, TIENE EL AGRADO DE INVITAROS A LA TEN:. SOLEMNE POR EL 4° ANIVERSARIO DE SU FUNDACION, CEREMONIA QUE SE LLEVARA A CABO EL DIA SABADO 31 DE MAYO A LAS 10.30 A.M. EN EL TEMP:. DE LA FRAT:., UBICADO EN EL P:.G:. DEL JR. PARAGUAY 400, DEL VALL:. DE LIMA.

LA R:.H:. V:.M:: OLGA WINSTANLEY DE MARCIANI, SU CUADRO DE DD:. Y OO:. Y LOS RR:. Y QQ:. DEL TALLER, OS EXPRESAN SU MAS PROFUNDO AGRADECIMIENTO POR VUESTRA ASISTENCIA, QUE DARA REALCE A ESTA CEREMONIA.

APROVECHAMOS LA OCASION PARA REITERAROS NUESTROS FF:. SENTIMIENTOS.

VALLE DE LIMA, MAYO DEL 2008 E:.V:.